Spanish poem
¡Oh La Dicha De Haber Estado Grave
¡Oh la dicha de haber estado grave, Y de sentir con tu presencia La beatitud de la convalecencia En una madurez pesada y suave! Y bajo una paz lejana Ver afanarse con seriedad sencilla, Tu diligente juventud de hermana Menor, al son de la cucharilla Que está entibiando una tisana. ¡Oh, afable prescripción, oh suave cautela! La vela temblorosa riza su bucle rubio. En la sala obscura y distante, un efluvio De polen solar finge su angelical estela. ¡Oh, bondad evidente de todo lo que existe! Y tu frescura de aseada muselina Que me llega al corazón y me ilumina Con una piadosa ternura casi triste. Silencio presuroso de tu atareado ruedo... Gracia tuya que agosta mis bárbaros abrojos... Y mientras la sortija juega en tu lacio dedo. ¡Oh, aquellas largas horas que me paso muy quedo En la soledad de tus dulces ojos!... Hay afuera un rumor de lluvia blanda. Y el reloj con su ruidecito De carcoma del tiempo, anda y anda Por la arena inacabable del infinito. Oh, con qué plácida belleza Dulcifican entonces mi contemplación La serenidad de tu corazón En una benéfica quietud de pureza; Y tu adorada cabeza De palidez ennoblecida; Y bajo un pimpollo en tímido brote, El pequeño escote Ligeramente palpitado de suave vida...