Spanish poem
Señores Míos, Sea
Señores míos, sea La luna perentoria, De esta dedicatoria Timbre, blasón y oblea. De ella toma, en efecto, Con exclusivo modo, Tema, sanción y todo Mi lírico proyecto. A ella da en obra pingüe Poéticos tributos. Por sus dobles cañutos Mi zampoña bilingüe. Hada fiel que mi dicha Con sus hechizos forja, Es moneda en mi alforja Y en mi ruleta es ficha. Astronómica dama, O íntima planchadora Que en milagro a deshora Plancha en blanco mi cama. Oca entre sus pichones, Con las estrellas; joya Del azar; claraboya De mis puras visiones. En mi senda rehacía, Filosofal borrica; O bien pilula mica Panis de mi farmacia.
Dando en tropo más justo Mi poético exceso, Naturalmente es queso Para vuestro buen gusto. Como deidad ovípara. Por manjar dulce y nuevo, Su luminoso huevo Nos dará en cena opípara. Echaos a comerla, Y así mi estro os consagre; O bebedla en vinagre Cual Cleopatra a su perla. Mas con mueca importuna No desdeñéis el plato, Porque mi estro y mi gato Tienen muy mala luna. Si lo hacéis, por remedio De tan tosca dispepsia, Os pongo en catalepsia Durante siglo y medio. Vuestra paz escultórica. Dará, en rasgo específico. Un silencio magnífico De academia y retórica. Y la luna en enaguas. Como propicia háyade Me besará, cuando haya de Abrevarme en sus aguas.
¿Qué tal? ¿La hipermetría Precedente os sulfura ? Os la doy limpia y pura. Pulverizadla. Es mía... Yo lo aprendí en el Dante, Abuelo arduo y conciso, Por cuyo Paraíso Jamás pasó un pedante. Sé que vuestro exorcismo Me imputará por culpa, Algo que vuestra pulpa Define en sinapismo. Me probaréis que, esclavo De mi propia cuarteta. No fui ni soy poeta, Ni lo seré. ¡Bien! ¡Bravo! Inventando un proverbio Sutil, en bello cuadro. Demostraréis que ladro A la luna. ¡Soberbio! Para que no me mime La gente que me odia. Haréis de mi prosodia Mi Calvario. ¡Sublime! Mas, en verdad os digo. Que, líricos doctores, Están los ruiseñores Con la luna y conmigo.
Para la controversia Que me ofertáis, adversos Os tenderé mis versos Como un tapiz de Persia. Pero sabed que tildo Con alegre modestia, De vero mala bestia Vuestro grave cabildo. (Con vuestro beneplácito, Bien que no sea el uso. Me decido a este abuso De latín y de Tácito.) No obstante, mi estro arbitra Que la luna descienda A vuestra reverenda Virtud, como una mitra. Y ante el solemne rubro Que vuestra Nada oculta, Entre la turbamulta Me inclino y me descubro. Si a mi débil arcilla, Vuestra sacra instituta, Impone la cicuta Docente, de Hermosilla; Con arroz y con apio, (Más próvidos que el griego) Cazuela haremos luego Del gallo de Esculapio.
Largamente vibradas Por sus rayos de estrellas. Cantan mis noches bellas Como liras sagradas. Pero trae el encanto Lunar que las dilata, Un silencio de plata Más lírico que el canto. Y en mi triste persona. Palpita, grave y tierno, El himno del eterno Ruiseñor de Verona. Él tiene en su riqueza De musical estuche, Lleno de luna el buche Como yo la cabeza. Así, en astral fortuna, Por mayor regocijo, Para mi pena elijo Como celda, la luna. Allá, en vida rechoncha Y a vuestros dogmas sordo. Lo pasaré cual gordo Caracol en su concha. Y agriando los reproches De vuestro real concilio, Os doy por domicilio La luna. BUENAS NOCHES