Versos Spanish Manuel Acuña En Alas Del Pensamiento

Spanish poem

En Alas Del Pensamiento

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Dormía el mundo la siesta de los siglos y el continuo sueño de ignorancia, jamás el hombre comtempló vestiglos ni rindió por tibuto su ignorancia; dormía entonces el mundo sin luz del pensamiento, sin altares, ni ciencia, ni poesía, y el hombre vagabundo no alentaba más fe ni sentimiento que vivir con el hombre que moría; la tierra era su hogar, su techo el cielo, ora estuviera en tempestad o en calma, y por sola ambición era su anhelo reposar a la sombra de la palma; en el fondo del bosque disputaba su presa palpitante a la iracunda fiera, a rendir la altivez de su fiereza y sintiendo tan solo que luchaba. iba adusto, salvaje, sin temores y sin sentirse pensador siquiera en la ardiente embriaguez de sus amores al abrigo de espléndida maleza; Amor era su Hoy... Amor podía y amando al fin sintió que se movía encendiendo su ardiente fantasía algo en su mente y al buscarle nombre «pensó» al fin que pensaba... Balbuciente sus labios entreabría y la «idea» en sus ojos centelleaba... Nunca más dulce sonrió la amante, jamás el pecho suspiró tan blando, como en aquel instante de lucha y embeleso, de indefinible y plácida agonía, en que la púdica efusión de un beso toda la gloria humana se encerraba en el placer que la mujer sentía y el hombre pensador idealizaba... La madre al fruto de su amor salvaje de las hambrientas fieras oculta en la espesura del ramaje... Del padre inquieto la pupila baña una lágrima, y corre en pos de asilo; piensa en el valle, deja la montaña, y después de la gruta, en la cabaña llega por fin a reposar tranquilo. Las chozas aparecen y a millares en los llanos y bosques y laderas, se extienden por el mundo los hogares, se convierten en templos las praderas, las rocas en altares donde se rinde al luminar el día en los más horrorosos sacrificios suprema idolatría y variando el temor los sacrificios el hombre instituyó la Teología las artes y las ciencias que nacían el crimen y la guerra, en el mar, en el cielo y en la tierra homenaje a los dioses ofrecían nave ligera que el timón sujeta ora lanzando sobre la ola inquieta ora fundiendo el arado que asegura del viento a la ventura el grano en la fecunda sementera; o bien labrando el carro y la guadaña, el arco y la saeta silbadora que empaparan de sange la campiña, y troncharan la mano labradora...

Siglos heroicos de exterminio y luto, de horrores y quebranto, en la historia el orgullo os dio tributo y una lira inmortal os dio su canto. Ante la Diosa Libertad ufana se esclipsaron las glorias del verdugo... ¡Siglos, pasad... la nota de quintana vibra en «alma-verdad» de Víctor Hugo!... No del guerrero la sangrienta historia ni del incierto goce de la orgía pronuncie el labio la falta de memoria ¿Qué del estrago y del festín nos queda? ¡Nada son las estrofas de Tirteo ni las gotas pagadas de Espronceda donde reina Lucrecio y Galileo! ¡Franklin del pensamiento, inmortal Gutemberg!, mientras la imprenta prosiga infatigable su tarea, será tu culto cuanto el hombre inventa y la luz de tu altar será tu idea.