Versos Spanish Manuel Acuña Si Eso Fuera, Si Fuera Cierto

Spanish poem

Si Eso Fuera, Si Fuera Cierto

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Si eso fuera, si fuera cierto Que la última palabra de la vida Es la palabra débil y no oída Con que del mundo se despide un muerto; Si la existencia humana Sólo durara lo que dura un soplo Que la alienta y la empuja en su camino, Y si el límite negro de las tumbas Fuera el límite impuesto á su destino, La majestad que su misión encierra Con su aliento vital se perdería, Y el cadáver de un sabio no sería Sino un cadáver más sobre la tierra... Pero, ¡no! que si el golpe de la muerte Es bastante a doblar bajo su peso Lo mismo que al idiota al varón fuerte, Jamás podrá la tumba Prestarles a los dos la misma talla. Como el destino ciego Jamás podrá bajo su golpe injusto, Igualar a la encina y al arbusto Que ruedan bajo el hacha del labriego. Los hombres son iguales Ante el abierto fondo de un sepulcro, Porque del hombre en el cadáver frío La creación inmortal no ve ni encuentra Sino una estatua que al perder la forma Para otra forma en sus talleres entra; Pero allí donde se hunde Todo pie, y enmudece todo labio, Allí donde se pierde y se confunde La huella del idiota y la del sabio, Si la tumba entreabierta Cubre a los dos bajo la misma calma, Y si al cruzar la inmensidad desierta Los dos encuentran la misma puerta Confundiendo en el cielo a una y otra alma: La justiciera historia Dejando al uno vegetar perdido, Alza al otro un altar en su memoria, Marcando entre los dos la diferencia Que la tierra y el cielo Borran ante la vida y la creencia, Y haciendo en el lugar aborrecido Donde acaba esta vida transitoria, Algo como otro cielo, de la gloria, Y algo como otro infierno, del olvido... Podrá el cincel hebreo Dar a Josué una estatua en sus talleres Y negar esa estatua a Galileo; Pero no podrá hacer que olvide el mundo El robusto y divino e pur si muove De su credo profundo; Que a pesar del fanático sombrío Que en el silencio del dolor lo encierra, Su grito sonará sobre la tierra Mientras ruede la tierra en el vacío... Podrá el templo cristiano Desdeñar para su aire otro perfume, Que el del incienso que en columnas blancas Sobre el dorado vaso se consume; Pero el santuario augusto de la ciencia Jamás tuvo en su altar mejor aroma, Que en aquel santo día En que era un mundo entero el incensario, Y un loco, un pensador, un temerario, Quien aquel incensario le ofrecía. La ciencia, como el cielo, Tiene también sus himnos y sus cantos, Y, lo mismo que Dios, tiene su culto, Y, lo mismo que Dios, tiene sus santos... En vez de las suntuosas catedrales Que el suelo cubren con su inmensa mole, Ella tiene la escuela, donde unidos Por el amor sagrado de la idea, Sobré el arpa bendita del santuario Levantan la oración del pensamiento, El sabio contemplando el firmamento Y el niño deletreando el silabario. Y allí es donde la gloria Tiene un altar y un busto Para cada escogido de la historia; Allí es donde la ciencia Va a repetir entre el clamor del mundo, La palabra de luz del moribundo Que sucumbe en la fe de su conciencia. Y allí es donde tu vives, varón justo, Al que ahora bendice en sus altares La santa voz del porvenir augusto; El que tu ciencia y tus virtudes premia, Consagrando a tu ciencia y sus virtudes Las canciones de todos sus laúdes En el templo inmortal de la Academia. Allí será donde tu boca, el libro, Nos seguirá enseñando las verdades Que al Universo le arrancó tu aliento; Y allí donde el progreso agradecido Cuando la historia de tus hechos abra, Llegará con tu nombre bendecido A tocar a las puertas del olvido Para hacerte brotar de tu palabra.

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