Spanish poem
Si La Vida Es Un Cielo, Y Si La Muerte
by Manuel Acuña
Si la vida es un cielo, y si la muerte Es la noche más negra de ese cielo, Cuando el hombre al morir deja encendida La luz inmaculada de sus huellas; Cuando igual a la tarde, Sucumbe coronándose de estrellas Y haciendo en su caída De un astro nuevo aparecer la cuna, Entonces esa sombra maldecida Que se alza del abismo de la nada, Si es la noche en el cielo de la vida, En el cielo del triunfo es la alborada. La tumba se convierte En el primer peldaño de esa escala Que los Jacob del genio sueñan tanto, La lira de la muerte En lugar de un gemido ensaya un canto; Y la cripta mortuoria Se cambia ante la losa que la cierra, En la última jornada de la tierra Y en la primera jornada de la gloría. Allí es donde comienza ese paisaje Con que a su fe y a su destino fieles, Deliran en su afán los soñadores; Donde está la partida de ese viaje Que tiene por bellísimo miraje Todo un mundo de palmas y de flores... Allí es donde el Colón-inteligencia, Divisando en la playa de su anhelo La santa realidad de su creencia, Se alza en todo el vigor de su conciencia Gritando al verla y al tocarla... ¡cielo! La muerte no es la nada, Sino para la chispa transitoria Cuya luz ignorada Pasa, sin alcanzar una mirada De la pupila augusta de la historia; Pero la flor que muere y que se inclina Falta de aliento y de vigor al suelo, Sigue viviendo aún en el mismo ocaso Que de sus ricas galas la despoja, Cuando al rodar del vaso la última hoja Queda su esencia perfumando el vaso. Tú sucumbiste así; y aunque el abismo Al mundo robe con tu cuerpo un hombre, Tú para el mundo seguirás el mismo Mientras viva el perfume de tu nombre; Por eso el sentimiento Que en torno a este ataúd nos ha reunido, No es el dolor hipócrita que al viento Lanza la inútil queja de un gemido; No es el pesar que apaga su lamento En el silencio ingrato del olvido, Sino el placer que brota y se levanta Sobre la eterna marca de tus huellas, Y que del himno que escribiste en ellas Hace el himno inmortal con que te canta. Venimos a ceñir sobre tu frente La corona de luz que tú querías; A recoger para tu fe naciente La llama que en tu espíritu escondías... Y al mundo triste y de dolor cubierto Que aguarda a que la tumba te devore Venimos a decirle que no llore, Venimos a decirle que no has muerto... Que hoy es cuando tú naces A la luz de la gloria y de la vida, Y hoy cuando te despiertas y cuando haces Tu entrada por la tierra prometida, Que en vez de ser testigos De un crepúsculo débil que se apaga, Los que hoy venimos a entregar un hombre Al antro de las sombras eternales, Venimos a encender en su desierto El sol que se alza de ese libro abierto Donde quedan tus hechos inmortales.
¡cielo!