Versos Spanish Manuel Acuña Yo Te Lo Digo, Laura... Quien Encierra

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Yo Te Lo Digo, Laura... Quien Encierra

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Yo te lo digo, Laura... quien encierra Valor para romper el yugo necio De las preocupaciones de la tierra. Quien sabe responder con el desprecio A los que, amigos del anacronismo, Defienden el pasado a cualquier precio. Quien sacudiendo todo despotismo A ninguno somete su conciencia Y se basta al pensar consigo mismo. Quien no busca más luz en la existencia Que la luz que desprende de su foco El sol de la verdad y la experiencia. Quien ha sabido en este mundo loco Encontrar el disfraz más conveniente Para encubrir de nuestro ser lo poco. Quien al amor de su entusiasmo siente Que algo como una luz desconocida Baja a imprimir un ósculo en su frente. Quien tiene un corazón en donde anida El genio a cuya voz se cubre en flores La paramal tristeza de la vida; Y un ser al que combaten los dolores Y esa noble ambición que pertenece Al mundo de las almas superiores; Culpable es, y su lira no merece Si debiendo cantar, rompe su lira Y silencioso y mudo permanece. Porque es una tristísima mentira Ver callado al zentzontle y apagado El tibio sol que en nuestro cielo gira; O ver el broche de la flor cerrado Cuando la blanca luz de la mañana Derrama sus caricias en el prado. Que indigno es de la gloria soberana, Quien siendo libre para alzar el vuelo, Al ensayar el vuelo se amilana. Y tú, que alientas ese noble anhelo, Mal harás si hasta el cielo no te elevas Para arrancar una corona al cielo... Álzate, pues, si en tu interior aún llevas El germen de ese afán que pensar te hace En nuevos goces y delicias nuevas. Sueña, ya que soñar te satisface Y que es para tu pecho una alegría Cada ilusión que en tu cerebro nace. Forja un mundo en tu ardiente fantasía, Ya que encuentras placer y te recreas En vivir delirando noche y día. Alcanza hasta la cima que deseas, Mas cuando bajes de esa cima al mundo Refiérenos al menos lo que veas. Pues será un egoísmo sin segundo, Que quien sabe sentir como tú sientes Se envuelva en un silencio tan profundo. Haz inclinar ante tu voz las frentes, Y que resuene a tu canción unido El general aplauso de las gentes. Que tu nombre doquiera repetido, Resplandeciente en sus laureles sea Quien salve tu memoria del olvido; Y que la tierra en tus pupilas lea La leyenda de una alma consagrada Al sacerdocio augusto de la idea. Sí, Laura... que tus labios de inspirada Nos repitan la queja misteriosa Que te dice la alondra enamorada; Que tu lira tranquila y armoniosa Nos haga conocer lo que murmura Cuando entreabre sus pétalos la rosa; Que oigamos en tu acento la tristura De la paloma que se oculta y canta Desde el fondo sin luz de la espesura; O bien el grito en que su ardor levanta El soldado del pueblo, que a la muerte Envuelto en su bandera se adelanta. Sí, Laura... que tu espíritu despierte Para cumplir con su misión sublime, Y que hallemos en ti a la mujer fuerte Que del oscurantismo se redime.