Spanish poem
Traducción De La Segunda Elegía De Tibulo
by Manuel Bretón de los Herreros
Dame vino, y que Lieo Mis nuevas angustias calme, Y mis párpados cansados Apacible sueño embargue. Dormir anhelo beodo: ¡No me despertéis, mortales!... En tanto mi triste amor Cesará de atormentarme. ¡Triste; que guarda al bien mío Un Argos inexorable! Duro cerrojo defiende La su puerta de diamante. Puerta que al amor te cierras, ¡Mala nube te maltrate! ¡Maldígate el alto Jove Y a rayos te despedace! ¡Ay! no. Mis ruegos te venzan. A mí, sólo a mí te abre; Y en silencio...; no rechinen Tus goznes, y me delaten. Perdona las maldiciones A un desesperado amante. ¡Plegue a los cielos, oh puerta, Que sólo a mi frente alcancen! Recuerda cuántas plegarias Del labio mío escuchaste, Y las guirnaldas floridas Con que enlacé tus pilares. Y tú, mi Delia, no temas: Burla a tu guarda. ¿No sabes Que al audaz protege Venus Y abandona a los cobardes? Por ella el mozo novel Huella vedados umbrales, Y las muchachas se mofan De cerrojos y de llaves. Del tálamo aborrecido Aprenden a deslizarse, Y de puntillas se huyen Al seno de sus galanes. Y ante el imbécil marido De agudas señas se valen, Y de los ojos emplean El elocuente lenguaje. El que aspire a tus favores, Oh del amor blanda madre, No por inercia o temor En yermo lecho descanse. No teman los amadores Que los roben o los maten: Seguros van; que es sagrado Quien inciensa tus altares. ¿Qué a mí la escarcha en las noches De Diciembre perdurables? ¿Qué a mí la lluvia prolija Ni los recios huracanes, Con tal que mi Delia amada A abrirme la puerta baje, Y, con el dedo en la boca, A su regazo me llame? ¡Oh tú, varón o mujer Que a mi lado pasas! ¡Guarte; No me veas!; que sus hurtos Ocultar a Venus place. Ni me preguntes mi nombre, Ni el pie con ruido estampes, Ni con antorcha atrevida Reconozcas mi semblante. Si ya me has visto imprudente, No se lo digas a nadie. Jura por todos los dioses Que nada ves, nada sabes. ¡Ay de aquel que me descubra!; Que de procelosos mares Venus le será nacida, Tintos en hórrida sangre. Ni fe le dará el marido; Que una hechicera muy hábil Me lo ofreció, y no hay ejemplo De qué a sus promesas falte. Yo he visto a su voz moverse Las estrellas inmutables, Y retroceder de un río Los impetuosos raudales; Y hender la tierra su canto, Y evocar los yertos manes; Y los huesos animar Resto de llamas voraces. Ora a sus ecos parecen Las catervas infernales; Con alba leche rociadas Ora tornan a abismarse. Ora del cielo enlutado El torvo nublo deshace; Ora en el estío ardiente La nieve hibernal atrae. Es fama que de Medea Guarda las yerbas fatales, Y que de Hécate ella sola Domó los rabiosos canes. En quieta noche le plugo Con teas purificarme, Víctima negra inmolando Del Averno a las deidades. Y diome mágicos versos Con que a tu celoso engañes. Basta cantarlos tres veces, Y escupir cuando los cantes. Y despreciará al chismoso Que nuestro amor le declare; Y dirá: «Soñando estoy» Aunque en tus brazos me halle. Mas no los cantes por otro; Que los cantarás en balde. Ciego es para mí tu dueño; Lince para mis rivales. Pues ¿no me dijo la maga, ¡Tan peregrina es su arte! Que sus conjuros y yerbas De mi amor pueden curarme? Premio te pido, le dije, No el fin de mi amor constante, Y que jamás de mi Delia Desterrar pueda la imagen.