Versos Spanish Manuel Bretón de los Herreros Una Noche De Broma

Spanish poem

Una Noche De Broma

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Sepa el curioso lector Que el señor don Nicolás De Tolentino García Es un señor muy formal. Ítem más: es contador, Y lo era treinta años ha, De un conde... de no sé cuántos, Que nunca supo contar. Ítem más: ama en extremo A Inés, su dulce mitad, Aunque ésta tiene un compadre Con el ítem de galán. Ítem más: su dulce Inés Manda al buen don Nicolás, Y él dice: en eso consiste La ventura conyugal. La casa de Su Excelencia Me toca a mí manejar, Y ella maneja la mía: No hay cosa más natural. ¡Oh! y ella sabe de cuentas, Y es mucha su habilidad En las reglas sobre todo De dividir y restar. Ítem más: el consabido Tiene diez vástagos ya; Sí, señor; que también sabe Su esposa multiplicar. Ítem más: tiene un sobrino Que come como un gañán: Ítem más: una cuñada... ¡Este sí que es ítem más! Ítem: la contaduría Da a toda esta gente pan, Porque en la partida doble Es ducho don Nicolás. Ayer, que fue su cumpleaños (Y en esto no hay que admirar, Porque hay contador de grande Que es casi una eternidad), Con danza y broma nocturna Lo quiso solemnizar, Y convidó a sus amigos Y a toda la vecindad. Yo vivo en el cuarto bajo Y él habita el principal, Y fui por tanto admitido En su amable sociedad. Dos docenas de mozuelas Deseosas de bailar, Unas codiciando amante Y otras por tenerle ya: Otros tantos señoritos Que con talante marcial Por no haber sillas vacantes Iban de acá para allá: Las madres en el brasero Hablando del temporal, De tenderos y criadas, de alguna enfermedad: Cuatro viejos que bostezan, Y engolfados acullá Otros cuatro en el tresillo Regañando por un real: Los diez vástagos citados, De trece años el que más, Y otros seis de los vecinos Armando un ruido infernal. He aquí bien numerada La concurrencia ítem más: El compadre de Inesita, Que se me olvidaba ya. Debiendo advertir que un decem- Viro de menor edad De los ya citados (y era El más grato a la mamá); Digo que un rapaz de aquellos, ¡Notable casualidad! Se parecía al compadre Del señor don Nicolás. Más de una hora pasó Celebrando cada cual Los hechizos infantiles Del consabido rapaz. ¡Con qué gracia el angelito Gritaba, comía pan! A uno le pedía cuartos; A otro le ensuciaba el frac... Hizo treguas un momento, Cansado ya de jugar, Mientras todos celebraban Su viveza natural. Vaya, haz algo; no te duermas; Vaya, luego dormirás, Le decía doña Inés, Con ternura maternal. ¿Y qué hace entonces Carlitos? Levanta la mano y ¡zas! Sacude una bofetada A su hermanito carnal. El pobre Juan..., ya se ve, Coge y échase a llorar, Y su madre le regaña; Y ¿qué ha de hacer? Llora más. Calla, ¡mal criado! ¡Bruto! ¡Si me duele! ¡Voto a san...! ¡Calla! ¡Vete! ¡Lucifer!... Este hijo me va a matar. En fin, sobre el bofetón Llevó su azotaina Juan... ¡Y era un sol el pobrecillo! ¡Y parecido a papá! Al cabo de media hora Se restableció la paz, Y otra media se pasó En mirarnos y callar. ¿Cuándo se baila, señores? Dijo yo. ¡Fatalidad! Los músicos no vinieron. Aun faltaba este ítem más. Una guitarra con muermo Lo pudo al fin remediar, Y se bailó un rigodón Con harta dificultad. Quiso obsequiarme Inesita Dándome para bailar Una intendenta honoraria Con más años que el Corán. Y aun pensó hacerme Inesita Una gracia singular; Que la intendenta era allí La primera autoridad. Un zángano de treinta años, Entre mico y sacristán, Bailó luego la gavota Con una niña, y muy mal. Pero como así lo mandan Las leyes de urbanidad, Fui cómplice a mi despecho Del aplauso universal. —Que cante ahora Luisita. —¡No, no! Me voy a cortar. —¡Que cante! —¡Si estoy tan ronca! —¡La modestia! —No, no tal. —Una coplita del Chairo. Te acompañará don Blas. —Con mucho gusto. —No, no: La guitarra está fatal. —¡Con una voz tan bonita! —¡Que no! Otro día será. —¡Vaya! Una copla siquiera. ¿Nos quiere usted dejar mal? —Bien, ya que ustedes lo exigen... Pero ¡si no sé cantar! —Señorita, ¡por favor! Señorita, ¡por piedad! —Yo solo sé cantar arias. —Y yo las sé acompañar. No hay excusa. —¡Qué porfía! —¡Si luego se burlarán... Yo no sé si estoy en voz. —Pruébela usted con don Blas. —Bien: hablen ustedes fuerte; No me oigan talarear. Después de veinte minutos De probar el mi y el la, Y de templar la guitarra, Y de volverla a templar, Impone don Blas silencio A toda la sociedad; Se suena Luisita, tose, Y decídese a cantar. Mas con labio balbuciente Y enredando con el chal, Apenas aulló el andante De una voce poco fa. No hubo fuerzas que la hiciesen Hasta el alegro avanzar. Me da vergüenza; no puedo; ¡Bah! No hay que cansarse; ¡bah! En esto dieron las doce Y empezó el ceremonial De despedidas y besos, Y lo de esta casa está... Yo que no era de los que... Se quedaban a cenar, Sin decir Dios guarde a ustedes Di a correr hasta el zaguán Y tal estoy de la broma, Que antes me dejo empalar Que otra vez ser convidado De ningún don Nicolás.

mi la

una voce poco fa.