Versos Spanish Manuel Bretón de los Herreros Ya El Canijo Adolescente

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Ya El Canijo Adolescente

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Ya el canijo adolescente Es fuerte y gallardo joven Y el tenue disperso bozo Es ya cerdoso bigote; Ya en su total incremento Ostenta fueros de roble La débil rama y, en fin, Ya nuestro hombre es todo un hombre. ¡Grata edad de los placeres Y las dulces ilusiones Y los hechos generosos Y los pensamientos nobles!... Pero yo que en mi poema (Si puedo dar este nombre A perdularios romances Que no ha dictado Caliope) Las miserias masculinas Cantando con tres bemoles Siego punzantes abrojos Donde otros rebuscan flores, Dejo al dichoso optimista Narrar, Juventud, tus goces, Y voy a exponer la serie De tus desdichas enormes. Presa de insanos deseos Y de indómitas pasiones, El Mundo, el Diablo y la Carne Llevan tu vida a remolque. Ambición te inspira el Mundo Con que al Este, al Sur, al Norte Sobre mal seguro leño Surcas el ponto salobre; O de las cándidas musas Fervoroso sacerdote Pides al genio las alas Que hasta el cielo te remonten; O la vara de Esculapio (Otros dirían azote) O la balanza de Temis, la lanza de Mavorte. Y el mar te traga en su abismo, O cuando llegas al borde Del puerto ansiado te abrazas... ¡Con el tifus icterodes! Y si las musas te brindan Con la copa de sus dones, O la enturbia la ignorancia O la envidia la corrompe. Médico, pasas la vida Oliendo y tocando horrores. ¿Curas? No te pagan. ¿Matas? Te abruman a maldiciones. Letrado, aunque docto seas, Te quedas a buenas noches Si bendicen tu justicia Los huérfanos y los pobres. Soldado, piensas medrar Con asaltos y mandobles Y sufriendo hambres y fríos Por los valles y los montes; Y mientras coges allí, Amén de heridas y golpes, Laureles que te escabechen Y reumas que te joroben, Te usurparán los cobardes Grados, empleos y honores Patrioteando en la plaza O serpeando en la Corte. Del diablo ¿qué te diré, Si apenas sus tentaciones Conjuraron eremitas San Antón y san Onofre? ¡La carne!... Este es el mayor Enemigo de los jóvenes, Porque entre rosas y mirtos Como víbora se esconde. «¡La MUJER! Obra maestra Del cielo, y gala del orbe, Regalo de los sentidos Y prez de los corazones, Nuestra áncora en las borrascas, Nuestro alivio en los dolores...» ¡Bravo, amigo! ¡Deliciosa Letanía! Ora pro nobis. Mas la especie en general, Aunque hay muchas excepciones, Da más penas que placeres, Más maulas tiene que dotes. Si entre doncellas y viudas Tu dulce tormento escoges; (Que perseguir a mujeres Casadas no está en el orden) O del suplicio de Tántalo Sufres las ansias atroces Cuando parientes y escrúpulos Son de su jardín dragones; O si temes que Himeneo Dos veces tu sien corone Para que ella no te venda Es forzoso que la compres. ¡Aun sin el yugo nupcial, Con el cual no estás conforme, Habrá quien te ame de gorra Si otras taimadas la ponen; Y no expondrás cada día, Porque no habrá quien la ronde, Tu corazón a amarguras, Tu cabeza a coscorrones; Y sobre ser a tu amor Leal, cariñosa y dócil, Alguna habrá que te pague El teatro, el sastre, el coche; Pero será vieja o fea, Si no es graduada in utroque, Y en tal caso, con tu pan Te lo comas, ¡si eso comes! Si huyendo, en fin, de solteras A las casadas te acoges, Por no estrellarte en Caribdis Quizá en Escila te ahogues; Que si te pilla entre puertas El ofendido consorte Podrá medida de frac Tomarte con un garrote. Rara contingencia es esta En los tiempos que ahora corren; Que para un toro bravío Hay cabestros diez o doce; Pero, cabestros y todo, Te causan mil sinsabores Antes que de prisa engullas Lo que de su mesa sobre; Y si cansar no temiera A quien lea estos borrones, O escandalizar a alguno De los de ¡oh témpora, oh mores!, Me atrevería a probar Con argumentos ad hóminem Que los maridos no son Los verdaderos cabrones.

Mundo Diablo Carne

Mundo

tifus icterodes!

diablo

carne!

MUJER!

Ora pro nobis.

Dos veces

in utroque,

¡oh témpora, oh mores!,

ad hóminem