Spanish poem
Yo, Aquel Del Romance En Do
by Manuel Bretón de los Herreros
Yo, aquel del romance en do Que los vitales preludios Narré del cuitado párvulo Recién venido a este mundo; Yo que con amor paterno Le seguí desde el columpio De la cuna hasta dejarle En los límites de un lustro; Hoy que marcha por su pie, Y aunque con poco discurso Muestra en su lengua expedita Que no nació sordomudo, Voy a proseguir su historia Con otro romance en do; (Y basta de introducción Al capítulo segundo.) El niño es pobre, o es rico; El niño es hábil, o es rudo; Dócil o díscolo; tres Verdades de Pero-Grullo. Si engendro fue suspirado De padres de alto coturno, ¡Venturosa criatura! Dirá el envidioso vulgo. ¡Se engaña! Todo viviente Nació para el infortunio, Y con otra disyuntiva Voy a probar lo que anuncio. O temiendo a cada instante Que le acometa el singulto De la muerte, le sujetan A planes de higiene absurdos; Y aunque llore y se desgreñe El infeliz, ¡no hay recurso!; Que hacen con el tierno vástago, Sin que le obligue el ayuno, Lo que el doctor Tirteafuera Hizo con Sancho el panzudo; Y todo goce le daña Y todo juego es abuso Para él, y hasta del aire Le merman el usufructo. ¡Así se cría canijo El que naciera robusto Y a fuerza de amor sus padres Se convierten en verdugos! O bien, con necio cariño, Halagan todos sus gustos Y de un mocoso rapaz Hacen un rey absoluto. Y no es más feliz por eso El acariciado alumno; Que con el mimo y los años Crece en su pecho el orgullo. Llega día en que no bastan Las riquezas del Gran Turco Para dejar satisfechos Sus caprichos importunos. Cuando le ofrecen faisanes Se le han de antojar besugos, Y pide peras al olmo, O que nazca Dios en Junio. Fáciles goces le cansan; Que, como dijo Licurgo, Cuando no hay pena, no hay gloria; Donde no hay lucha, no hay triunfo. Así la mitad del día Pasa en hastío infecundo, Y la otra mitad rabiando Como si fuera energúmeno. Mas si al hijo del magnate Tan mala fortuna cupo, ¿Qué no sufrirá de un quídam El desdichado producto? ¡Y al santo Dios de Israel En sus altos juicios plugo Que los ricos sean pocos Y los pobres sean muchos! Primero que la razón En él ejerza su influjo, Al brazo seglar le entregan De un maestro cejijunto. ¡Cuánto le cuesta aprender La primer letra de burro; Cuánto el escribirla luego Con intercadente pulso! ¡Cuántos tirones de orejas Y cuántos azotes crudos Para meterle en la cholla Que uno es tres y tres son uno! ¿Y qué diré, santo Dios! Del quis vel qui y el gerundio, Y de Cornelio Nepote Y de Fedro y Quinto Crucio? Si inhábil para las letras Le dispensan del estudio, Confinado en un taller Suda gotas como el puño. Y en su casa y en la ajena Su destino es siempre zurdo, Ora maneje el escoplo, Ora interprete a Salustio.— Si la tiña no le aflige, Tendrá al menos, de seguro, Sabañones en invierno Y seguidillas en Julio.- Jamás acierta el pobrete A dar a sus padre gusto: Si habla, «¡charlatán maldito!», Y si no chista, «¡cazurro!» Siempre pagan sus mofletes Los domésticos disturbios; Que no hay leyes para él..., Excepto la del embudo.— En vano voraz su estómago Pide sin cesar condumio; Que si abundan los sofiones Escasean los mendrugos.— Cuando le compran zapatos Los pantalones son nulos, Y cuando estrena chaqueta El cogote va desnudo; Y todo trapo es inútil Antes que lo gaste el uso; Que no crece la corteza A medida del arbusto; O retrógrada su ropa, Como dirían algunos, No sigue el progreso rápido De sus brazos y sus muslos. Así en su niñez vegeta Entre desprecios y ayunos Y llega a la pubertad Escuálido y larguirucho. ¿Será más dichoso en ella? Ni lo afirmo ni lo dudo Por hoy. Al tercer romance Dará esta cuestión asunto. do
do
Tirteafuera
Sancho
burro;
uno tres tres uno!
quis vel qui
Cornelio Nepote
Fedro Quinto Crucio?
retrógrada
progreso rápido