Versos Spanish Mariano Melgar A la libertad

Spanish poem

A la libertad

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Por fin libre y seguro Puedo cantar. Rompióse el duro freno, Descubriré mi seno Y con lenguaje puro Mostrará la verdad que en él se anida, Mi libertad civil bien entendida.

Oíd: cese ya el llanto; Levantad esos rostros abatidos, Esclavos oprimidos, Indios que con espanto Del cielo y de la tierra sin consuelo, Cautivos habéis sido en vuestro suelo.

Oíd: patriotas sabios, Cuyas luces doblaban el tormento De mirar al talento Lleno siempre de agravios; Cuando debiera ser director justo Y apoyo y esplendor del trono augusto.

Oye, mundo ilustrado, Que viste con escándalo a este mundo En tesoros fecundos A ti sacrificado, Y recogiendo el oro americano, Te burlaste del preso y del tirano.

Despotismo severo, Horribles siglos, noche tenebrosa; Huid. La India llorosa, El sabio despreciado, el orbe entero, Sepan que expiró el mal y que hemos dado El primero paso al bien tan suspirado.

Compatriotas queridos, Oíd también amigos europeos, Que en opuestos deseos Nos visteis divididos, Oíd: acabe ya la antigua guerra, Amor más que tesoros da esta Tierra.

Días ha que a la Iberia Del empíreo bajó de luz rodeada La libertad amada, A extinguir la miseria Que en nuestro patrio suelo desdichado Por tres siglos había dominado.

Casi hasta el firmamento Levantádose había el despotismo, Y los pies del coloso en el abismo Tenían su cimiento, Pero, ¿de qué ha servido? De hacer con su caída mayor ruido.

Pisóle en la cabeza La santa libertad: se ha desplomado, Se estremeció la Tierra y espantado Volvió a ver su fiereza Todo hombre; pero ve que ya no es nada Su estatua inmensa en polvo disipada.

Vieron más los mortales: El cetro que arrancado al Rey había, La libertad lo dio a la Nación mía: “Acabad vuestros males, Resistid al tirano”, Dijo la Diosa con acento humano.

Sonó en toda la Esfera Voz tan dulce: los Polos retumbaron; El eco derramaron Sobre la Tierra entera, Y la América toda en el momento Saltó llena de gozo y de contento.

¿Pero quién ejercita Este poder? ¿En dónde se comienza A formar la obra inmensa Del remedio, que incita Esta voz celestial? Así decía: Y empezó mi País desde aquel día.

Ya todo se previene Para el día inmortal; mas del Averno En enemigo eterno Del hombre, el Error viene, Arrastrando consigo hacia la Tierra La discordia feroz, la cruda guerra.

Sobre este monte inmenso Que a la ciudad domina, se ha sentado; Sobre ella ha vomitado Un humo negro y denso; A todos dejó ciegos la negrura; ¡Cuanto horror presentó su noche oscura!

“Siempre seré oprimido...” Pensó el indio infeliz dentro del pecho; Bajo su pobre techo De su triste familia circuido, Lloro sobre sus hijos su quebranto, Y la esposa dobló su amargo llanto.

“Triunfe allá la ignorancia” Dijo el sabio sentado en su retiro, “Si olvidado me miro, Si falta vigilancia Sobre la ilustración, ¿por qué me muevo?, Así fue siempre; no es defecto nuevo”.

“Huyamos”, grita “huyamos”, Tímido y aterrado el europeo; “Jurar mi ruina veo, O diestros elijamos A quienes con justicia y con prudencia Muden a favor nuestro la sentencia”.

“¿Qué hacéis? ¡Qué! ¿No mirasteis Qué pacíficos somos, generosos, Amantes obsequioso? Decid ¿donde observasteis El furo que teméis? ¿O equivocados De nuestro amor huis precipitados?”

Así dijo el patricio, Y su voz escuchó la providencia. Su invisible presencia Disipó el negro vicio, Y cuando el Pueblo unido reclamaba, Ella los electores señalaba.

¿Pero calmó con esto El temor, la aflicción, las desconfianza? Cobró nueva esperanza, Nuevo aliento funesto El Error; y su empeño redoblando, La discordia a los hombres fue turbando.

Volvió el indio a su pena; El sabio hollado a su misantropía; Y el de la Iberia creía Que la grave cadena De las manos del noble americano Pasaría a ligar su fuerte mano.

Mas ¡qué! La Paz risueña Juró que no; saliendo del Congreso, Voló por la ciudad y a su regreso En publicar se empeña Que nada se recele, que ha extirpado La cruel discordia de su Pueblo amado.

Volvió el Congreso luego; Pues se dejó sentir su breve ausencia: Con su afable presencia Apagó pronto el fuego. ¿Cuándo han de pensar todos igualmente? ¿Ni dónde un mal cesó tan prontamente?

En tanto que asistían La Paz y la Virtud al cuerpo sabio, A su triunfo o a su agravio Suspensas atendían, Pisando cada una en su montaña, Minerva, India y España.

Yo lo vi: en la del medio Minerva se paró; a su diestro lado Mayta estuvo rodeado De indios, que su remedio Esperaban, así como el hispano Esperó Iberia en la siniestra mano.

Ya Febo se apartaba Cansado de aguardar, hacia el poniente; Mas suena de repente La voz que se deseaba: “El indio, el sabio de la unión amante, Os han de gobernar en adelante”.

¡Eco plausible! ¡Viva! “Viva, sí; la elección que nos conserva”; Mayta, Iberia y Minerva Con voz dulce y activa Clamaron; y los Incas sepultados Saltaron de su tumba alborozados.

Los sabios se alentaron; Quedó el hispano en la ciudad seguro Y los que “país oscuro” A mi suelo llamaron, Mirándole en prodigio tan fecundo: “Ahora sí es, dijeron, Nuevo Mundo”.

Por el volcán terrible Se sumergió el error avergonzado De la mortal discordia acompañado. ¡Oh día el más plausible! ¡Oh Arequipa! Teatro afortunado De una acción en que tanto se ha logrado!

¡Oh sabios magistrados! Jamás cantar sobre nuestros loores, Pero ¿qué más honores Qué himnos más bellos, más proporcionados Que el general placer, con que mil veces Se felicita el pueblo por sus jueces?

Compatriotas amados Que en ultramar la luz primera visteis; ¿Esto es lo que temisteis? ¿Pensasteis ¡qué engañados! Que un pecho Americano Sería vengativo, cruel, tirano?

No hay tal. Fue nuestro anhelo Este sólo: que al justo magistrado Ya por sí penetrado De amor al Patrio suelo, Le urgiesen a ser fiel en cada punto Deudos, padres, hijo, esposa, todo junto.

Así será y gozosos Diremos: es mi Patria el globo entero; Hermano soy del indio y del ibero; Y los hombre famosos Que no rigen, son padres generales Que harán triunfar a todos sus males.