Spanish poem
28 (Si solo viene el mal, decir…)
by Martín del Barco Centenera (1535–1602)
Si solo viene el mal, decir se suele bien vengas mal; mas siendo acompañado, más grave es el segundo, y aún más duele el golpe cuando viene redoblado. La carne más machuca, y más la muele, por hallar el lugar ya maculado; y al fin duran las penas y cuidados cuando los males son más frecuentados.
La presa de Candish ya recontada, que hizo en el navío de la China, tuviéramos por bien, si de llegada en su tierra parara; mas camina de vuelta, con muy gruesa y bella armada. La línea atravesando, determina tomar tierra brasílica, y llegando la costa toda iba demarcando.
Tomó algunos navíos en la costa, y entre ellos a un Marquina, que ha venido de Potosí con plata, por la posta, por gozar de la nata, que ha tenido aquel trato, aunque a él le entrara en costa, que mucha mercancía le ha cogido Candish; con solos negros le dejaba, con que viviendo rico se juzgaba.
Aquí tomó un piloto que le guía, Jorge Luis se llama. Como vido el inglés que piloto ya tenía a su gusto, y la tierra ha conocido, y que tomarla bien le convenía, a su almirante Gallo ha cometido con el piloto el caso; los dos fueron a Santos, y en el puerto se metieron.
Paz, paz, entran diciendo con voz alta, el nombre don Antonio y apellido invocan, que no hizo alguna falta a su negocio; luego el afligido y triste pueblo, viendo cómo falta la fuerza, a su dicción quedó rendido. Un mancebo murió, que resistía; Machado lo causó, bien se decía.
Era juez entonces un Machado, y dicen que bien pudo, si quisiera, que del inglés no fuese saqueado el pueblo, y el mancebo que saliera con arco y flechas de otros ayudado bien fuera, si Machado no impidiera, y en breve mucha gente se juntara, conque el inglés victoria no cantara.
Mas viéndose el inglés favorecido con palabras de amor y fingimiento, después de haber el mozo mal herido caído muerto, dice muy contento: «Ninguno quiero sea aquí ofendido, ni tal me pasara por pensamiento, que sólo proveernos de comida pretendemos pasando de corrida».
Con esto aquella gente miserable en la iglesia se estaba; el adversario la cerca, ya es el caso irreparable. Entrando, matar quiere allí al vicario y a un fraile, caso horrendo y detestable, que el templo profanando el temerario, imágenes, reliquias de consuelo, con irrisión echaba por el suelo.
Prendió los principales, desnudando a todos cuantos pudo aquella hita, las casas por el suelo derribando, las tablas y madera y palos quita. Y luego, por la tierra caminando, en San Vicente se entra, dando grita; asuélalo también en un momento. En esto entra Candish con gran contento.
Estando en esta isla apoderado, procura embarcación muy conveniente hacer, porque tenía buen recado, y aparejo hallaba entre la gente. No había el mes tercero bien pasado, y acaba su bajel cumplidamente; veinte remos por banda le ha metido, con que Candish se halla enriquecido.
Aquesta embarcación deja entenderse el fin con que Candish la fabricaba, para poder con ella bien meterse en puerto, que tomar imaginaba alguna tierra do pueda valerse, y aquesto su designo le guiaba. La fama por la costa se extendía, que para el Argentino la hacía.
Del Río de Jenero ha despachado a priesa Salvador de Sá Correa, diciendo cómo a Santos ha tomado el inglés; que la cosa se provea allá en el Argentino con cuidado, que va nuestro enemigo de pelea. Allega un navichuelo y da el aviso, y vuélvese a Jenero de improviso.
Veréis en Buenos Aires discernirse el caso con diversos pareceres, procura cada cual escabullirse llevándose consigo sus haberes. Al fin han procurado convenirse en que salgan los viejos y mujeres y frailes y muchachos del poblado, y que a la mira quede allí el soldado.
La mísera hacienda recogida a priesa, de tropel y sin concierto, en carros y carretas fue metida, que huir, todos dicen, es lo cierto. La tierra adentro salen de corrida, dejando los soldados en el puerto; en centinela están de noche y día, y cada cual igual temor tenía.
Llegué yo a esta sazón en mi navío de allá de la Asumpción con poca gente; el pueblo se holgó y tomó brío, y a sus casas volvieron de repente. Candish con su pujanza y poderío de Santos sale un día alegremente, y acá en el Argentino hacen vela, que mucho su venida se recela.
Mas él parte de Santos recta vía, el magallán Estrecho demandando, y tanto el Sur le sigue y combatía, que vuelve popa vía ya arribando. El almiranta el árbol da y rendía en frente el Argentino, procurando las fuerzas contrastar del fuerte viento, mas él no le ha dejado con su intento.
A mí los naturales, preguntados sobre esto, muchas veces me dijeron que vieron dos navíos anegados, y en un punto de vista los perdieron; con lenguas fueron bien examinados los indios que esto a mí me refirieron, y dicen que escapó sólo una nave, que vuela por los aires como un ave.
Ésta fue de Davis, muy entendido, que a vuelta del Estrecho se ha quedado con tres naves; las dos se han sumergido, que cosa alguna dellas no ha escapado. De su saber Davis bien se ha valido, y del temor las fuerzas ha sacado, escapa con la maña más que pudo de aquel contrario tiempo, fuerte y crudo.
Aquel barco que dije de Jenero aviso había traído al Argentino, tornar ha procurado de ligero, queriendo aprovecharse en el camino, que es grande la codicia del dinero y al hombre fuerza haga desatino. Salió del Río Jenero, mas la hada a priesa corta el hilo a su husada.
En él iban algunos pasajeros que llevaban su pobre mercancía: don Pedro y don Francisco, caballero de Estepa, que es lugar de Andalucía. Piloto, con maestre y marineros, mas no como en tal caso convenía, en tomar se engañaron el altura, principio cierto de su desventura.
Comienzan a virar, pues, engañados, pensando que embocaban por el río, mas iban muchas leguas apartados vencidos de su loco desvarío. En costa y tierra dieron derrumbados, a la fuerza entregados del gentío. Una ola a don Pedro le ha volado, y el mar profundo y bravo le ha tragado.
Los demás pasajeros han salido a tierra su miseria lamentando. La gente indiana, luego como vido que se iba este negocio aderezando en su pro, al encuentro han acudido, y en breve a los cristianos se acercando comienzan a prenderlos, y mataban a los que defenderse procuraban.
Charrúas es la gente que aquí habita, que ha hecho grande estrago en los cristianos. Es gente muy cruel y muy maldita, también ha hecho presa en luteranos. Ésta de estos Charrúas otra mita de indios de este nombre, más cercanos, en Buenos Aires tratan y contratan, y allá nos llevan cosas que rescatan.
Aquéstos nos dijeron que tenían los otros tres cristianos por cautivos, y que ellos del rescate tratarían de aquellos que hallasen estar vivos, y que luego a nosotros los traerían. Nosotros, en aquesto compasivos, de cosas les henchimos bien las manos, deseando librar nuestros hermanos.
El cobertor quité yo de mi cama, porque un cacique bien se ha aficionado. Echamos por el pueblo una derrama, y en breve gran rescate se ha juntado. Entre los indios corre bien la fama, que el rescate es muy rico y muy preciado, los cautivos trajeron a gran priesa por gozar del rescate y la promesa.
¿A quién no ha de causar esto mancilla, si tiene de cristiano sentimiento, que no quedó de toda la cuadrilla alguno más que tres; pues el tormento que pasan, y la pena, quién decilla podrá? Que a mí en pensarla ya el aliento me falta y la pluma desflaquece, y mi lengua turbada se entorpece.
Trajéronnos los tres en carnes puras, el uno sacerdote y dos soldados; a todos se les dieron vestiduras y fueron lo posible reparados. Contáronnos sus tristes desventuras, juzgándose por hombres bien librados en haber escapado con la vida, habiéndola tenido por perdida.
En qué trabajos mete la codicia y el procurar ganar la plata y oro, y más cuando fortuna le es propicia. Aquel que va juntando gran tesoro no siente el sin ventura la malicia, los males, sobresaltos, pena y lloro, que le es fácil lo que es dificultoso con fin de conseguir su fin gustoso.
Está el Señor de Mitiley en esto tan triste, que mil vidas cierto diera por no ver el suceso tan funesto del armada lucida que él trajera. Pues vuelve de arribada muy de presto adonde estuvo ya la vez primera, pensando rehacerse y no ha podido, según en lo siguiente es referido.