Spanish poem
Danos, Señor, Acucia Tormentosa
Danos, Señor, acucia tormentosa de quererte; un anhelo entre combates del Enemigo, que jamás se rinde de cercarnos. Suele confiado el hombre dormirse en el amor, pero en el ansia del amor no cabe sueño. Que a tu bulto no logremos tocar ni en puro anhelo; Juan XX, 17; Lucas XXIV, 39. que como en este del pincel prodigio —relieve inmaterial y milagroso—, de nuestro abrazo corporal te esquives aquí en el mundo ruin. Nuestro cariño quede en agraz en el viñedo mustio de aqueste pedregral que al cielo abierto del Sol desnudo de la gloria eterna madurará sin fin. Sé pan que el hambre nos azuce; sé vino que enardezca la sed de nuestra boca. Mientras dure nuestra vida en la tierra, sea el ansia de amarte nuestra vida: que se duerme sobre el amor logrado, y es el sueño no vida, sino muerte. No se cumple la Humanidad en este triste valle de sueño y amargor. De nuestras almas, pobres orugas, sacan mariposas que de tus ojos a la lumbre ardiendo renazcan incesantes. Hoy bregamos por más alto bregar. Canta la Esposa, la Iglesia, tu pasión, y su esperanza con cantos amamanta, y a tu imagen envuelve nimbo de armonía dulce. ¡Conchas marinas de los siglos muertos, repercutan los claustros las salmodias, que, olas murientes en la eterna playa, desde el des-cielo de la tierra alzaron almas del mundo trémulas, pidiéndote por el amor de Dios descanso en paz!