Spanish poem
Rostro
Ese tu rostro, espejo de la Gloria, Mateo XXVI, 39. cayó sobre la tierra, y la besaste, madre, por despedida en tanto el beso de tu Padre envolvíate la angustia del oprimido pecho. Y de la tierra tu sudor enjugó el polvo besándolo, con ansia de abrevar a los olivos que oían tus sollozos. Su follaje temblaba sobre Ti, junto a las alas del Ángel del Dolor. Y tú pedías que te apartara el cáliz de la pena. Lucas XXII, 42, 44. Mas no, mi Adán, que con sudor de sangre regando nuestra tierra, has de ganarnos el pan de nuestra vida. Confortándote buscabas cobrar bríos en la lucha con el sufrir, al toque de la tierra, granero de dolores. Te faltaba para hacerte más dios pasar congojas de tormento de muerte. Así besaste de corazones que en amor latieron antaño la ceniza. Así besaste el polvo que mejido a tu saliva Juan IX, 6. dio vista al ciego. Por la tierra vemos —yeldada por el jugo de tu lengua—, con la que hablara el Verbo; por el barro de que nos hizo Dios, y por la tierra, viste el abismo de nuestra desgracia. Con tierra, por tu Verbo hecha divina, veremos los misterios de ultratumba, los ojos restregándonos. No escondas Salmo XII, 1; XXVI, 9; XLIV, 24. de nosotros tu rostro, que es volvernos, chispas fatuas, a la nada matriz.