Spanish poem
Sede Robusta, Fuerte Salmantina
Sede robusta, fuerte Salmantina, tumba de almas, dura fortaleza, siglos de soles viste dorar tu torre. Dentro de ti brotaron las plegarias cual verdes palmas aspirando al cielo y en rebote caían desde tus bóvedas. Este el hogar de la ciudad fue antaño; aquí al alzarse en oblación la hostia, con las frentes dobladas y de rodillas, temblando aún los brazos de la lucha contra el infiel, sintieron los villanos en sus ardidos pechos nacer la patria. Mas hoy huye de ti la muchedumbre y tan sólo uno y otro, sin mirarse, buscan en ti consuelo o tal vez sombra. Templo esquilmado por un largo culto que broza y cardo sólo de sí arroja, tras de barbecho pide nuevo cultivo. Sólo el curioso turba tu sosiego, de estilos disertando entre tus naves, pondera tus columnas elefantinas. El silencio te rompe de la calle viva algazara y resonar de turbas, es el salmo del pueblo que se alza libre. Libre de la capucha berroqueña con que fe berroqueña lo embozara, libre de la liturgia, libre del dogma. ¡Oh mortaja de ¡piedra, ya ni huesos quedan del muerto que guardabas, polvo por el soplo barrido del Santo Espíritu! Ellos sin templo mientras tú sin fieles, casa vacía tú y fe sin casa la nueva fe que a ciegas al pueblo empuja. En tus naves mortal silencio, y frío, y en las calles, sin bóvedas ni arcadas, calor, rumor de vida de fe que nace. Las antiguas basílicas, las regias salas de la justicia ciudadana brindáronle su fábrica del Verbo al culto. Y el Espíritu Santo que en el pueblo va a encarnar, redentor de las naciones, ¿dónde hallará basílica, de sede regia? Quiera Dios, vieja sede salmantina, que el pueblo tu robusto pecho llene, florezca en tus altares un nuevo culto, y tu hermoso cimborrio bizantino se conmueva al sentir cómo su seno renace oyendo en salmo la Marsellesa.