Versos Spanish Miguel de Unamuno Sobre Tus Hombros Cae Como Cascada

Spanish poem

Sobre Tus Hombros Cae Como Cascada

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Sobre tus hombros cae como cascada de vida desbordante tu melena virgen de nazareno, esa gavilla morena de opulencia, a la que nunca Jue., XVI, 17; Números VI, 5; Cantares V, 11. tocó navaja. Fuiste desde el vientre de tu Madre, a tu Padre consagrado, nuevo Sansón, y es de tu fuerza símbolo ese apretado haz de tus cabellos como tus fieles que en mechones vivos se apoyan en tu pecho. De la cumbre del Tabor libres brisas los mecieron, y en madurez del fruto de la palma los tostaron los soles peregrinos por entre el rubio polvo de Judea. En el Jordán sobre ellos de las manos de Juan el agua al sol batida, clara, corrió como hoy tu sangre. Cual el verde blando follaje que del sauce cuelga sobre el terso cristal de la laguna donde se espeja inmaculado el cielo, sobre tu blanco pecho sin respiro donde se dobla la quietud divina del solar de tu Padre, tus cabellos colgando están de la abatida frente. Cernían las quejumbres que a tus oídos los hijos de la tierra disparaban, y tañían los ángeles en ellos recuerdos de los seis primeros días en que por Ti, tu Padre creó el mundo —y lo creó contigo, la Palabra—, Juan I, 3. mientras Tú de camino ibas fraguando sueños del cielo. Sólo entre los hombres conocías igual que el justo número de las estrellas el de tus cabellos, y ni uno fue a volar libre en el cielo sin que Tú lo supieras. Nadie sabe sino Tú del amor todo el empuje. Lucas XII, 7. Libres al aire libre recogían las perlas del rocío de alborada sobre que el sol hizo brillar chispazos del arco celestial de la promesa. Génesis IX, 13. Ellos fueron tu almohada en los caminos al recostar sobre la tierra dura Mateo VIII, 20. tu cabeza; las zorras madriguera, nido las aves tienen, mas no albergue Lucas IX, 58. tuviste Tú, divino pordiosero. Pobre te hiciste por nosotros, ricos II Corintios VIII 9. con tu pobreza. Al aire tus cabellos, de tu indigencia y tu poder corona. Sobre ellos derramó María el bálsamo de nardo oliendo a amor, y así te ungía Marcos XIV, 3. para el sepulcro, pues María sabe tomar la buena parte y que la eterna Lucas X 42. dicha en tenerte a Ti sólo consiste. Y cual zarcillos de la vid prendiéndole del corazón, tras de su cruz de pena la arrebataron. Y por ellos, garba de luto, resbalaron por el huerto del olivar los densos goterones del sudor de la angustia del espíritu, y cayendo a la tierra dolorida mezcláronse al sudor con que en castigo Adán mojara el pan de su trabajo. Ellos, bajando en apretados rizos, negros como el abismo de los cielos en las cerradas noches misteriosas, rozaron como brisa de ultramundo de Juan la frente, cuando recostaba Juan XIII, 23. su cabeza en tu seno al despedirte la noche de la cena; allí sembraste las visiones de Patmos, la doctrina de la Palabra que se encarna en hombre. Y ahora abrazando al templo de la muerte con tus dos brazos a la cruz calvados lo derrumbas a tierra, y sus sillares vida al darnos la muerte nos darán. Jueces XVI, 28-30.