Spanish poem
«¿Y Qué Hacer —Me Decía—
«¿Y qué hacer —me decía— si no tiene remedio?» Y yo entonces le dije, por vía de consuelo: —«Llorar, pues no le tiene; gritar a todo pecho». —«¡Ah, es que Dios no oye...» —«¿Que no oye? ¡pues por eso! llorar, gritar, dar voces...» —«¡Es voz en el desierto...!» —«Abrámosle el oído a fuerza de lamentos; gritemos noche y día; padece fuerza el cielo...» —«¡Oh, ni aun así tampoco... morir... no hay más remedio...» —«¿Morir? ¡Luchar sin tregua! ¡sitiemos al misterio! —«¡Luchar sin esperanza...!» —«¿Sin esperanza? Tengo como esperanza última la del final sosiego en pos de la derrota». —«¿La derrota? No quiero ser vencido». —«Es más dulce descanso, más sereno, vivir en el seguro firme del vencimiento que no en la incertidumbre del que dice: ¡No quiero!» —«¡La derrota es la muerte!» —«No, sino el santo término de vida noble y alta; ¡es la flor del denuedo!» «Vencer o ser vencido: ¡esto es ser hombre entero! ¡Ser hombre, ser más que hombre! ¡ser digno del Eterno! Y ser por Dios vencido... ¿cabe mayor extremo de gloria y de victoria?» —«A quien Dios vence, temo...» —«¿Qué temes, hombre flaco, no ya vencido, yerto? Dios a quien vence mete por su mano en el seno de la eterna victoria: ¡levántate, luchemos!» —«Levántate, me dices, ¡levántate!... no puedo!» —«¿Poder? Pide a Dios fuerza!» —«¿Contra Dios?» —«¡Por supuesto! Él te dará las armas del combate supremo, pues para conquistarnos quiere que le asaltemos». —«¡Oh, déjame, no insistas, que yo luchar no quiero...» Y yo entonces le dije: —«¡Ni siquiera estás muerto!».