Spanish poem
Y Tus Pies De Pastor, Que En El Aprisco
Y tus pies de pastor, que en el aprisco se entraban por la puerta y que desnudos Juan X, 1; etc. acariciaron con sus cinco dedos al suelo humilde—carne sobre tierra que con su desnudez santificaste—; los que el Jordán ciñera con las linfas de su caudal corriente como a presa de ancla de eternidad, mientras posaban ellos sus plantas sobre los guijarros del cauce, surco de la madre tierra; los que el polvo vistió de los senderos —¡no más sois ya, Cafarnaum hundido, Mateo XI, 21. Betsaidá y Corazín!—; los que bañados de la yerba, tu muelle alfombra verde, con el rocío o con la propia sangre, entre pedruscos con amor corrían tras de la pobre oveja descarriada; los que la Magdalena con sus lágrimas Lucas XV, 4; Mateo XVIII, 12. bañó para enjuagar con sus cabellos; los que besara con sus ledas ondas muriendo en las orillas Tiberiades; los que escalaron el Tabor y hacían Lucas VII, 38. temblar de amor bajo ellos a las rocas, garapiñados con la gruesa sangre que los clavos sacaron, danle al suelo pedregoso a beber—suelo de siembra que endebleció con su escabroso piso tantos llagados pies de caminantes que sin rumbo ni tino de la muerte querían escaper—la sangre pura de los sumisos pies que resignados se fueron a la muerte por sendero de infamia y duelo sin torcer la huella. ¡Baja a la lobreguez de las entrañas del negro reino de los que ya fueron, donde su sed apaga de la muerte, y ese polvo que un día corazones fue que latieron con afán pesares bebe la linfa de la eternidad!