Spanish poem
España en ausencia
Como si se me hubiera muerto el cielo de España me separo: salgo en un tren precipitado al hielo de su materna piedra, de su fuego preclaro.
Un aeroplano ciego me separa, por el espacio y su topografía, de mi nación ardientemente clara dentro del resplandor de la alegría.
Me empuja entre celajes de hermosura, por Francia, Holanda, Dinamarca y Suecia, a la Rusia que sueño mientras la gleba oscura de mi cuerpo se pone pálida y menos recia.
Mi piel de amor se enfría, mi corazón se quema y quema por mis ojos a las demás naciones, como si fuera mi alma la flor de la alhucema cerniéndose encendida por tantas extensiones.
Siento como si el sol se fuera distanciando, agonizando en campos opacos y lunares donde los lagos tienen instalado su imperio.
Y la tierra parece que va devorando, y se esparcen sus restos, sus postreros pilares, y parece que vuelo sobre un gran cementerio.
España, España: ¿quién te ha despoblado? Nación de toros y caballeros, témpano de guitarras y tambores ensimismado en música bajo el tacón sagrado del sol, de los luceros, de los enamorados y de los bailadores.
No te empequeñece lo remoto: llegas a estos rincones siderales grandes, grande, tan grande con tu corazón roto, como una maravilla de vidrios y corales.
Adelfo y arrayán, cal y negrura. Un árbol que es encian y es palmera te trae a mí como una selva pura que inspira el mar desde su edad primera.
Palomar del arrullo desangrado, prodigioso panal de seca ardilla, como el panal de cera acribillado por el agente del perpetuo crimen que todo lo destruye y acribilla.
Al mismo tiempo que tus madres gimen te alejas: no te alejas. Va conmigo tu anhelo, va conmigo los cielos cruzados de tus rejas que eran a medianoche palomares en celo.
Va conmigo tu pueblo que es el mío, cercado por la fiebre fraticida de la guerra que ejercen los tiranos. Mi pasión de español describe un río de cólera y espuma sumergida con el camino de los aeroplanos.
Subes conmigo, vas de cumbre en cumbre, mientras tus hijos, mis hermanos, ruedan como ganaderías de indestructible lumbre, de torres y cristales: de potros que descienden y se quedan, chocándose, volcándose, suspensos de varios precipicios celestiales, de relincho a torrentes y los brazos inmensos.
Con tus muertos que llegan en bandada a lagos de mercurio siempre vivo, a remansos de espejos y descanso que no ha de enturbiar nada: con tus apasionados gérmenes combativos para siempre en descanso, va por Europa entera mi mirada.
Van conmigo tus muertos, tu caídos, mis caídos, mis muertos: pesan en lo más alto de mis huesos queridos, navegantes y abiertos. Ellos me arrojan con el puño en alto a saludar a Rusia por Moscú y por Ucrania, y me quieren hacer retroceder de un salto para escupir lo sucio de Italia y de Alemania.
Abrasadora España, amor, bravura. Por mandato del sol y de tantos planetas lo más hermosos y amoroso y fiero. Te siento como el alma bajo la quemadura de la invasión extraña, sus municiones y sus bayonetas, y no sé navegar, vivir viajero.
Ayer mandé una carta y un beso para España donde está la mujer que yo más quiero.