Spanish poem
Echeverria
by Bartolomé Mitre (1821–1906)
La corona de fuego Del astro, rey del dia, Entre la onda fria Del mar, se sumerjió; Y la apacible noche, Su frente plateada De estrellas coronada, Serena levantó.
Alza tu vista al cielo Y admira ese diamante, Que brilla rutilante Sobre tu blanca sien: Amiga, esa es la estrella Que unida á mi destino, Siempre alumbró el camino Que me condujo al bien.
Ella es la precursora De las felicidades, Que en mústias soledades Me viene á consolar; La que al venir yo al mundo Lució en el firmamento, Cual si el divino aliento La hiciera allí brotar.
Cuando perdí la senda Que á tí me conducia, Yo ví nube sombría Turbar su claridad; Pero brilló risueña Cuando te hallé amorosa, Y en tu cabeza hermosa Vertió su claridad.
Cuando al cruzar los mares Se ha entristecido mi alma, Me ha inoculado calma Su rayo celestial; Y si las tempestades Mi nave han combatido, Al punto se ha encendido Cual místico fanal.
Lejano de mi patria, Errante, desterrado, Su luz me ha acompañado Do quiera que yo fuí, Como un reflejo ténue Del Argentino suelo, Que plácido consuelo, Derrama desde allí.
Tu ser identifica Con esa blanca estrella, Porque de tu alma bella Parece el resplandor; Y así, la luz suave Que irradia tu semblante, Cual lámpara brillante Presidirá al amor.
Su blanquecino rayo Emanacion del cielo, Como plateado velo Te envuelve al derredor, Y de tu frente en torno Te forma una diadema, Cual luminoso emblema De un ángel del Señor.
Pidamos á los cielos Que unidas nuestras almas Entre cerúleas palmas Se eleven hasta Dios; Y que esa blanca estrella Que es de otros mundos viso, Sea en el paraiso La tumba de los dos!