Spanish poem
El Cementerio de Campaña
by Bartolomé Mitre (1821–1906)
Resuena el bronce al apagarse el dia, Muge el rebaño en torno del vallado, Y el labrador regresa á su alqueria Dejándome de sombras circundado.
Ya se borra el paisage entre las nieblas: Callada está la atmósfera tranquila: El insecto murmura en las tinieblas, Y se oye el éco de lejana esquila.
Allí en la torre que vistió la yedra Su luz derrama la naciente luna, Y el buho errante de una en otra piedra Con su queja las ruinas importuna.
Aquí á la sombra de olmos y de abetos En tumbas que la grama festonea, Duermen en tierra, ya por siempre quietos, Los rústicos abuelos de la aldea.
Ya no irá á despertarlos en su lecho La brisa matinal embalsamada, Ni oirán cantar en su pajizo techo El gallo anunciador de la alborada.
Ya no recibirán junto á su hoguera De la esposa solícitos cuidados, Ni sus hijos despues de larga espera En sus rodillas se verán sentados.
Ellos la mies ante su hoz rindieron, Y el surco abrieron en la dura gleba, Ellos al bosque secular vencieron Y á par del buey se ataron á la esteva.
De la ambicion insana preservados Su vida oscura fué, sus penas leves... Mas no por esto sean despreciados Del pobre los anales simples, breves!
Del orgullo la pompa deleznable, La opulencia, el poder y la belleza, A todo llega su hora inevitable: De la gloria el camino va á la huesa.
Sobérbios de la tierra! nada importa Que estas tumbas no ostenten un trofeo, Ni que en templo que mármoles soporta No se eleve en su honor un clamoreo.
¿El sepulcro y el busto cincelado Puede acaso dar vida al polvo inerte? Resuena acaso el canto levantado En los oidos sordos de la muerte?
Cabezas que animó fuego sagrado, Manos dignas del cetro y de la lira, Yacen talvez en túmulo ignorado En este campo que ninguno admira.
No leyeron el libro portentoso Que enriquece del tiempo la corriente: La pobreza con soplo silencioso Congeló de sus génios el torrente.
Así la mar en su insondable seno Guarda la perla honor de una corona; Así la flor lejos del prado ameno Da su fragancia en solitaria zona.
Tal vez aquí hay un Hampden sin historia Que afrontó de su campo á los tiranos, O algun Milton sin cantos y sin gloria, Ó un Cromwell puro, con incruentas manos.
No dominó su voz en el Senado, Ni fué su lote ruinas y despojos, Ni leyeron su fin predestinado De una nacion en los inquietos ojos.
Pero si el crímen no marcó sus pasos, Si al sólio entre matanzas no se alzaron, Ellos al mundo con impíos brazos De la piedad las puertas no cerraron.
No negaron su oido á la conciencia, Ni el pudor sofocaron torpemente, Ni tributaron culto á la opulencia Con inciensos quemados en la mente.
Lejos de la contienda fratricida Sus deseos jamas se descarriaron, Y á lo largo del valle de la vida Una quieta existencia atravesaron.
Sus huesos protegidos del insulto Descansan bajo rudos monumentos, Y un epitafio pide en verso inculto Un suspiro al viagero, unos momentos.
Es su edad y su nombre aquí esculpido Una elegía para el tosco aldeano, Y un texto por el tiempo carcomido Conforta al moralista comarcano.
¿Por qué el despojo de este ser inquieto No se resigna al misterioso olvido, Y el mundo deja con pavor secreto Mirando atras con ojo amortecido?
Es porque el alma en nuestro ser revive Guardando el ojo una piadosa gota, Que hasta en la tumba la natura vive Y el fuego estinto de cenizas brota.
Oh tu! que cantas la honradez sin gloria En estas líneas que inspiró la muerte, Tal vez alguno guarde tu memoria, Y quiera un dia averiguar tu suerte.
Feliz entonces si un pastor anciano Pueda decir:—«La estrella matutina «Le vió mil veces recorrer el llano, «Sorprendiéndole el sol en la colina.
«Allí, á la sombra de la encina añosa «Pasaba el abrasado mediodia, «Y allí, sentado en su raiz nudosa «El rumor del arroyo le embebia.
«Al cruzar por el bosque silencioso «En sus ojos las lágrimas brillaban, «Murmurando con tono lastimoso «Voces que amor ó pena revelaban.
«Un dia no le ví sobre el collado, «Ni sentado de su árbol á la sombra, «Ni en el bosque, ni arroyo sosegado, «Ni entre el brezal que la pradera alfombra.
«En fúnebre ataud al otro dia «Le ví llevar al campo de los muertos: «Llega, y leerás en esa losa fria «El epitafio de sus huesos yertos:»