Spanish poem
Manrique
by Bartolomé Mitre (1821–1906)
Genio, inspiracion divina, Fuego devora mi mente, Y siento en el alma ardiente Una llama circular... Mas ¡qué importa! si á la tumba Pronto caerá el genio mio, Como el torrente bravío Que vá á morir en el mar!
Ya del carro de la vida Los corceles fatigados Caen al suelo postrados Con anheloso estertor; Y ya el genio de la muerte Gira en torno á mi cabeza, Cual ave que de su presa Va volando en derredor.
Como el náufrago se abraza De las astillas flotantes, De las horas vacilantes Me abrazo con ansiedad; Pero en vano, que la urna De mis años, agotada, Sobre el abismo inclinada Se vé, de la eternidad.
Qué importa morir, si solo, He vivido en este mundo, Donde corre un aire inmundo Que no puedo respirar: Si mis lágrimas cayeron Confundidas en el cieno, Sin bañar el tibio seno Del amor á la amistad!
Qué importa morir, si nunca Los hombres me han comprendido, Si ninguno me ha tendido Una mano fraternal: Si cual la flor del desierto Que en soledad se consume, He dado al viento un perfume Que nunca sintió el mortal!
Mis ecos se han confundido Con la música lejana, Que se alza cada mañana Del seno de la creacion; Y entre el canto de las aves, Y el aroma de las flores, Del valle de los dolores Han subido á otra mansion.
Como las nubes de mirra Que perfuman el sagrario, Y brotan del incensario De las brazas al calor, Al fuego del entusiasmo De mi cabeza han brotado Los cantos, que he consagrado A la Patria y al Señor.
Jamas prodigué alabanzas A un miserable tirano, Ni del pueblo soberano Las banderas deserté: Fija la vista en el cielo, Nutrido de amor intenso, A Dios y al Pueblo el incienso Del corazon consagré.
La libertad fué la musa De los cielos mensagera, Que llenó mi alma severa Con su espíritu inmortal; Y en las negras tempestades Seguí con paso valiente, Su antorcha resplandeciente Y su faro celestial.
Oh, Dios, inspírame un himno, Ó una fúnebre elejia! Que baje á la tumba fria Cantando á la libertad! Permite que adorne un lauro Mi cadáver macilento, Y que no muera mi acento Cual voz en la soledad!
¡Pero ya es tarde! la mano Que marca la última hora, Se levanta aterradora Y vuelca el reló fatal; Y las cuerdas de mi lira, Como nervios doloridos Producen tristes sonidos Una á una al reventar.
En vano aplico el oido: Enmudece la memoria, Y á mis cánticos de gloria No responde el porvenir; Que al descender al abismo La corteza de mi alma, No se verá ni una palma Sobre la frente lucir!
Oh musa, vuelve otra vez A tu celeste morada, Que el abismo de la nada Pronto me va á devorar; Pero antes, rompe las flechas De mi carcax no vacio: Mi brazo perdió su brio, Y el arco se va á quebrar!