Versos Spanish Olegario Víctor Andrade El porvenir

Spanish poem

El porvenir

by (1839–1882)

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I

¡Visión del porvenir! Nube de gloria que en el confín lejano te levantas, que flotas como enseña de combate y alumbras y perfumas como el alba.

¡Visión del porvenir! Dulce sirena, que en el silencio de la noche cantas los himnos de la mar, cuando despierta estremecida en brazos de la playa.

¡Visión del porvenir! Pálida estrella, hermana del misterio, que desatas los rayos de la fe, gotas de vida en los lóbregos senos de mi alma!

Tú que pasaste rápida a mi vista en los alegres días de la infancia, que enjugaste la lágrima de fuego que surcaba mi rostro en la desgracia;

Tú que al lanzarme a la revuelta arena me hablaste de la gloria y la esperanza, y al caer en la lucha del destino retemplaste mis fuerzas desmayadas;

Para subir a la empinada altura ven a prestarme tus potentes alas, aquellas alas con que el genio suele trepar de Dios a la mansión sagrada!

Sopla el aliento de la fe en mi pecho, para ascender a la áspera montaña, para colgar el nido de mis sueños en las arrugas de su frente calva.

Sopla el aliento de la fe en mi pecho, donde otra vez relampagueó su llama ; ¡visión del porvenir! dame tu mano, quiero seguir las huellas de tu planta.

II

Ya estoy sobre la cumbre solitaria, la cumbre que soñé con loco anhelo; ante este altar gigante de granito voy a alzar mi plegaria, que en alas de huracán subirá al cielo ; a cantar a la patria y a la gloria, a Dios y al infinito! Y al compás del torrente que desciende con paso soberano, a preludiar los salmos del profeta que oirá el cóndor, mi hermano !

¡Ya estoy sobre la cumbre! Como ruedan los ríos por las ásperas laderas, lágrimas del abismo que recogen en su seno temblando las praderas ; veo rodar los años y los hombres, que siguen como séquito de gloria, rasgando los harapos de sus nombres el ataúd gigante de la historia.

Allá van en vorágine espantosa apóstatas, verdugos y tiranos; la libertad, arcángel del futuro, les marca con su espada luminosa; los pueblos soberanos se lanzan a la arena, teñida con la sangre de los bravos, y forjan con fragmentos de cadena el hierro vengador de los esclavos !

¡Allá van! Opresores de la tierra, vencidos de la idea, fantasmas de la noche, de la historia que un nuevo sol clarea! ¡Se alejan! como nubes apiñadas que arrastra el huracán sobre la esfera cuando desata en la extensión vacía su negra y polvorosa cabellera !

Apostatas, verdugos y tiranos que hicieron al derecho ruda guerra, van a dormir el sueño del olvido envueltos en sus sábanas de tierra! y la palabra viva, el verbo de la fe republicana, anunciará a los orbes que asoma en el Oriente la mañana de paz y libertad, y que terminan las bárbaras peleas y se abrazan las razas redimidas sobre el sagrado altar de las ideas! Un pueblo va adelante en el tumulto de la cruzada audaz; un pueblo grande a quien dió Dios la Pampa por alfombra y por dosel el Ande! Espejo son de su gigante talla los ríos como mares, y marcos del cristal de sus corrientes las frondas de las selvas seculares!

Brilla en su frente el sello prodigioso de la elección de Dios; tiene en su seno el afán infinito del progreso, el amor del ideal, la fe del bueno!

Infatigable avanza, en pos de sus destinos soberanos, viajero de inmortales esperanzas, da a los pueblos el ósculo de alianza, y los saluda en el derecho hermanos!

No hay freno a sus antojos ni valla a su ambición; ámbito inmenso descorre el porvenir ante sus ojos; le da la gloria embriagador incienso, y postrados de hinojos los déspotas del mundo ante su planta reniegan del pasado, y en vez de maldecirlos, los levanta por la fe y el amor transfigurados.

¡ Es mi patria ! ¡ mi patria ! Yo la veo a vanguardia de un mundo redimido, de un mundo por tres siglos amarrado, que cual bajel en mar desconocido rompiendo las cadenas del pasado, se lanza con audacia, cargado de celestes esperanzas, al puerto de la santa democracia ! Es su bandera aquella que flamea en las rocas del Cabo seculares, la que lleva a una raza esclavizada la luz de libertad de sus altares; la que preside el colosal concierto de la conciencia humana emancipada mientras rueda a sus pies el tronco yerto del fanatismo vil, que en hora impía la mantuvo en sus brazos sofocada!

III

¡Visión del porvenir! ¡Débil mi acento cantar no puede lo que siente el alma! ¡Yo soy el ave que a gemir se atreve entre la ronca voz de la borrasca!

¡Dios solo sabe si podré algún día trepar las cumbres y pulsar el arpa! ¡Me falta voz, pero me sobra aliento, ¡Oh! ¡quién tuviera tus potentes alas!