Spanish poem
Himno a la libertad
by Rafael Carvajal (1900–1915)
«Salve, salve, deidad peregrina, por los déspotas siempre ultrajada; otra vez por un Dios rescatada más hermosa te vemos brillar».
Eres siempre aquel astro que brilla de los pueblos mostrando el destino; eres sol que fecunda el camino de ventura, de gloria y de paz; eres soplo de Dios con que al hombre del cobarde letargo despierta; eres ángel que vela en la puerta de ese templo de gloria inmortal.
«Salve, salve, etc.».
Hoy el pueblo conoce dichoso el influjo que debes al cielo, hoy desgarras propicia ese velo que en tinieblas hundió la ciudad: hoy el hijo le debe a su padre que gimió largo tiempo expatriado, hoy el hijo por ti rescatado de la madre en los brazos está.
«Salve, salve, etc.».
Hoy enjuga la esposa su llanto y el esposo en tranquila bonanza hoy bendice la dicha que alcanza respirando feliz en su hogar: hoy los brazos extiende el amigo al amigo que vio en desventura, y se estrechan en dulce ternura invocándote, santa deidad.
«Salve, salve, etc.».
Hoy despueblas las crudas montañas, los desiertos y el suelo extranjero que escucharon el ¡ay! lastimero del proscrito que vieron vagar. Salve, salve, deidad peregrina, sin piedad tanto tiempo ultrajada, no separes, por Dios, tu mirada, que es un rayo de luz celestial.
«Salve, salve, etc.».
En tu nombre hemos visto elevarse al cobarde, al traidor, al infame; en tu nombre hubo monstruo que llame sus crueldades, virtud, libertad; en tu nombre al genízaro altivo, por la voz de su jefe azuzado, hemos visto blandir descarado tinto en sangre el agudo puñal.
«Salve, salve, etc.».
En tu nombre también al ministro del Señor hemos visto injuriado, y proscrito y cruelmente ultrajado, porque fue de virtud ejemplar, ¡oh, qué horror! la beldad en tu nombre en oscuras mazmorras gemía; ¡oh, qué horror! los insultos sufría del esbirro sacrílego audaz.
«Salve, salve, etc.».
En tu nombre el traidor halló premios, en tu nombre medró el asesino, en tu nombre un salvaje beduino holló leyes, honor y moral; mas, cual astro que siempre señala a los pueblos su hermoso destino, hoy nos abres propicia el camino de ventura, de gloria y de paz.
«Salve, salve, etc.».
Abrí con asombro los ojos y el día hirió mis pupilas, hirió el corazón; y, al ver la mentira del sueño, sentía roer mis entrañas amarga impresión;
Amarga cual nunca probara mi pecho sentí en ese instante de eterno pesar, al verme proscrito y en mísero lecho buscando con ansia mi patria, mi hogar.
¡Ay patria querida! perdona si osada cantando este sueño mi lira infeliz, pintó del oprobio que sufres cuitada el fúnebre cuadro con negro barniz:
No tiene la culpa mi débil acento si acaso tu rostro colora el rubor, la tiene el imbécil que vive contento, la tiene el maldito que ultraja tu flor.