Spanish poem
La Escuela
by Rafael Pombo
¡Dios te bendiga, Querida estancia, Madre enemiga De la ignorancia! ¡Dios te bendiga Siembra de luz; De amor, de todo bien, cuando te abriga La redentora sombra de la cruz!
¡Feliz como ninguna La vida de la escuela, A cuyo solo nombre El corazón se alegra! Aquí la ciencia adusta Se hace muchacho, y juega, Y corrigiendo ríe, Y divirtiendo enseña.
En casa están los padres Que el cuerpo amantes velan Mas tú de nuestras almas Te hiciste madre tierna. También con dulces cantos Arrullas la inocencia, Y de la patria historia Las páginas nos cuentas.
De nuestro pecho tú haces Altar de eterna fiesta, A próceres y mártires La gratitud celebra; Y allí nos dices cuánto Costó su magna herencia, De cuyo goce un día Han de tomarnos cuenta.
Aquí, de todas partes De nuestra cara tierra Viene a fundirse en molde De indestructible fuerza Una nación de hermanos, De su unidad, soberbia, Que dividida, nunca Consentirán en verla.
Tú al niño abres el libro De la Naturaleza, Tesoro de tesoros Que el tonto no aprovecha; Y hasta en lo más menudo Y ocioso en apariencia La previsión divina Y su bondad le muestras.
El que no tuvo hermanos Aquí más de uno encuentra, Selecto hermano de alma Y eterno, como ella, Con quien, tal vez ya chocho Y en tierra de otras lenguas, Sobándose las manos. Recordará su escuela.
Y entonces uno a otro Se han de decir «¿Recuerdas?» Sin olvidar ni un árbol, Ni un banco ni una mesa; Y se agradece entonces Cada arrugón de ceja Del preceptor, paloma Que hoy nos parece fiera.
De aquí saldrán los hombres Que han de mandar la tierra, Leones que hoy mansitos Tiramos de la oreja. Maestro, abre los ojos A ver si los cateas, Y arranca de sus almas Toda semilla infecta.
Que cada humano tronco Derecho y firme crezca, Seguro en hondas bases, Vivífico en sus venas; Que pese en dignos frutos, Y grata sombra ofrezca Y a su ancha copa el Ángel Nuncio de paz descienda.
Líbrenos Dios de bichos Que en sí tan sólo piensan. Como si el bien de todos Su propio bien no fuera. De esos que torpes dicen: «Como haga yo mi ancheta, Aunque se vuelva añicos El barco que nos lleva».
La escuela de la vida. El Mundo nos espera, Do nadie aprende gratis, Y fúndese el que yerra. De luz y de virtudes Armémonos en ésta, Que allá la suerte empuña Fórmula sorda y ciega.
¡Hogar precioso de almas, Jardín de inteligencias, Que al soplo de auras puras Prosperes y florezcas! Que Dios, Conciencia y Patria Perpetuo norte sean Del hijo; y que a la madre Dé honor su vida entera.
En coro bendigamos, Con gratitud intensa Al que fundó y protege Y paga nuestra escuela. Él nos abrió del templo De la Verdad las puertas, Y por sus manos obra Por nos la Providencia.
Y tú, segundo padre De esta familia inmensa, Si hemos de honrar un día Tu amor, tu esfuerzo y penas, Recibe desde ahora Nuestra amorosa ofrenda, Y juntos de aquí a un siglo Charlemos de tu escuela.
¡Dios te bendiga, Querida estancia, Madre enemiga De la ignorancia! ¡Dios te bendiga Siembra de luz; De amor, de todo bien, cuando te abriga La redentora sombra de la cruz!