Versos Spanish Rafael Pombo La Gallina Y El Diamante

Spanish poem

La Gallina Y El Diamante

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Fue un tiempo, tiempo airado De escasez nunca vista; De diente acicalado Y mesa desprovista Y boca sin bocado. Los viejos tragantones Pasando fiel revista De cascos de botellas Y despensas vacías, Lloraban ¡ay! aquéllas Dulces indigestiones De más felices días. Etéreos los amantes, Cual nunca interesantes, Con gentiles pescuezos, No exhalaban suspiros Sino luengos bostezos. Y siendo la gazuza Musa que tanto sabe, Que enseña el arte a un ave Y al más molondro aguza, Soltaron los poetas Sus míseras muletas De perlas y zafiros. De rosas y azucenas: Pampirolada rancia Sin gusto y sin sustancia; Y hora en sus cantilenas Nos regalaban sólo Con suculentas cenas Dignas del mismo Apolo. —Viéranse allí sirenas Y Pegasos trufados, Compotas de ballenas, Pirámides rellenas De elefantes guisados. Niágaras de escabeche, Amazonas de leche, Chimborazos de helados. La humanidad doliente Romántica vivía De sueños y recuerdos; No de pavos y cerdos Como prosaicamente Se embute todavía. Pastores y ganados Y aun los mismos soldados (Dientes privilegiados) Estaban sin raciones; Lleno de astros el cielo, Pingüe de polvo el suelo, Mas los campos en pelo, Sin agua el riachuelo, Sin peces el anzuelo, Sin uñas los ladrones. Barrió doquier la planta De la feroz Carpanta.

Y pasó in illo témpore Que una infeliz gallina, Más flaca que una espina (El emplumado espíritu De la difunta raza, A juzgar por su traza), Iba clamando piio Con el buche vacío Y aquel aire contrito De un ayuno infinito, Corriendo con el brío Que la prestaba el viento, Y alturas y hondonadas Y aun cosas reservadas Registrando a patadas En busca de sustento; Firme en su heroico intento De no rendirse al hambre Ni en el postrer calambre Ni en el postrer aliento, Mientras el noble osambre Prendido de un alambre Pueda plantarse equilibre En su atrincheramiento; Mientras haya mandíbula Y sujeto anatómico, Y quede un breve epítome, Una etcétera, un átomo, Ruina de ruinas De la más flaca y última De todas las gallinas: Porque sabrá impertérrita Cumplir su juramento De no dejar ni un síntoma Para contar el cuento. Con patas, uñas, pico, Repartiendo mandoble A diestro y a siniestro. Buscaba su pan nuestro La honrada criatura, Cuando entre la basura De un recoveco innoble Hace el descubrimiento De un diamante, un portento De grandor y hermosura. ¡Bípedo venturoso! Ya tu fortuna es hecha. ¡Duerme satisfecha Sobre el laurel glorioso! Alégrase en efecto A su radiante aspecto La escuálida gallina: Algún caro escondrijo De una alma femenina, Relámpago de gloria Le alumbra la memoria... ...Pero bien pronto dijo Gacha y desconsolada; «¡Oh breve regocijo! ¡Oh pérfidas quimeras! ¡Oh deslumbrante nada!... ¡Ah, si a lo menos fueras Un grano de cebada!» Y dando otra escarbada Volvió a enterrar colérica La piedra malhadada. El momento presente Su precio a todo indica, Y cada cual le aplica Balanza diferente: Tal vez lo que más tiente Del envidioso el ceño Trocáralo su dueño Por el pan del mendigo Que enfermo y sin abrigo Rinde a su puerta el sueño. ¿Qué son diamantes, oro, Palacios, opulencia. Cuando es otro el tesoro Que busca la existencia? —Fantástica apariencia, Externo meteoro, Que no lavó el desdoro Ni al ojo quita el lloro, Ni a la verdad su foro Ni al alma su indigencia. El hombre es la conciencia, Y sólo allí segura Paz fundará y ventura, Orgullo, independencia. in illo témpore

piio

El hombre es la conciencia,