Spanish poem
Las Cruces
by Rafael Pombo
Lamentábase un hombre amargamente Del peso de su cruz (pues no hay viviente Que no cargue la suya), Y el Cielo, de escucharlo al íin cansado, Díjole : «Deja pues la que te he dado, Y escoge otra por tuya». Y al pie de la montaña el triste vino, A la estación do cada peregrino Su cruz y rumbo coge; Y allí dejó la suya; y encontrando Muchas donde elegir, las fue probando Para ver cual escoge. Una entre todas, su atención sedujo Por ser de oro macizo: cruz de lujo, Pero cruz tan pesada Que no la pudo alzar. Probó en seguida Una con ramas de laurel ceñida, Mas la halló ensangrentada. Otra, que orlaban rosas peregrinas, Hirió con agudísimas espinas Sus hombros no muy sanos. La cuarta, que adornaba áurea corona. Castigó levemente su intentona Quemándole las manos. Otra pesaba poco; estaba hueca, Y él exclamó regocijado «¡Eureka!» Más su seno escondía Una víbora atroz que el diente fiero Sacaba a cada paso del carguero, Y a hurtadas lo mordía. Otra necesitaba de ayudante. Que era su peso enorme, exorbitante. De aterrar a cualquiera. Áspera, negra, dura como hierro. Un lazarillo iba al costado; un perro A la punta trasera. Y así las fue excluyendo una por una; Y cuando ya pensó no hallar ninguna Que no fuese un gran duelo. Dio al fin con ella, y dijo: «¡Hágote mía!»... Y era su antigua cruz, la que le había Predestinado el Cielo.