Versos Spanish Rafael Pombo Me Exiges Un Recuerdo, Y Con Recuerdos

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Me Exiges Un Recuerdo, Y Con Recuerdos

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Me exiges un recuerdo, y con recuerdos Voy a llenar tu página preciosa; Dulce deber, promesa deliciosa, Porque ellos gratos para mi alma son. Porque es muy grato en el presente odioso Que anublan los primeros desengaños, Darle expansión por los pasados años, Cielo sin mancha, edad de bendición. Ambos la dimos el adiós eterno Que labio alguno a detener no alcanza; ¿Mas en ti lo hizo dulce la esperanza. Cuando a mí me tocó... desesperar? Al trasponer de la niñez las puertas Del hombre el porvenir juega el destino, Y de allí cada cual toma el camino Que marcó el dado en el tremendo azar. Fue tu senda un jardín: Dios no consienta ¡Ay! que te oculten áspides sus flores, Pero tú sólo ves risas y amores, Y es harta dicha esa visión no más. Mi senda fue bien triste, y pues debemos En diferente dirección lanzarnos, ¡Démonos una prenda al separarnos, Siquiera una mirada para atrás! Veíate ayer cual tímida paloma Que vuela en torno al nido regalado: Ahora ante mis ojos te has alzado Águila emperatriz de la extensión; Tal vez tus impresiones de la infancia Volaron como nieblas de tu aurora, Mas yo... no al niño desconozco ahora; Y hombre, acepto del niño el corazón. No volverán los juegos infantiles Que entonces enlazaban nuestros brazos, Pero esos dulces, inocentes lazos, La más dulce amistad dejan en pos. Entonces sin saberlo te quería. Hoy, con igual pureza sé quererte; Pero entonces mi suerte era tu suerte, Y hoy ¡cuánto media entre nosotros dos! Eres mujer, soy hombre: mira el hielo Del primer desengaño en mi pupila, Si algo me inquieta lo verás tranquila, Mas su luz, la del sol de invierno es. El fuego que en tus órbitas chispea Es el del sol que en primavera asoma, Y aún tus ojos envuélvelos, paloma, El velo de candor de la niñez. Cuando una nube de borrasca vean Sobre tu sien cernerse funeraria, Entonces con tristeza involuntaria Tornarán a mirar lo que pasó. Comprenderás entonces lo que piensas Ahora comprender—esto que digo; Entonces pensarás en el amigo, Ya náufrago tal vez, que lo escribió. Tú amarás, que esa edad, si no se ama, Es como hoguera sin calor, sin fuego, Es planta generosa sin el riego Que torna en mal sus gérmenes de bien. Mas no seas tú cordero que se ofrece, Creyendo ir al festín, al sacrificio: ¡No! Dios es justo —ha de velar propicio Al serafín más digno de su Edén. Cual con la nave sin timón, sin velas Juega tremendo el piélago iracundo. Así, virgen querida, juega el mundo Pérfido y sin piedad con la mujer. Eres bella: el dragón de la tormenta Siempre tu barco seguirá anhelante, Siempre en ti fijo el ojo amenazante, Pronta la garra sobre ti a caer. ¿Y qué harás? Di. —¿Llorar?—Dudo que llores ¡Infeliz! ya no más te perteneces; El llanto de la hermosa es muchas veces La postrera palabra del deber. ¿Invocarás tu fe? —Ciertas plegarias Son la consagración del sacrificio, Y entonces la conciencia es un suplicio Y la razón no quiere convencer. ¡Pobre mi dulce amiga! tú no sabes Cuánto es de peligrosa la ventura; No sabes lo que cuesta la hermosura En donde hay más que juicio, ¡corazón! Mas bendice tu suerte, que aun pudiera Más desgraciada ser, como es la mía, Cuyo funesto enigma te diría Si no fuera un dolor ia compasión. Pero no quiera Dios que mis palabras Empanen tu sonrisa placentera, Cuando yo el ángel de tu guarda fuera Si ángel un vil mortal pudiera ser. Olvídame por hoy: mas cuando venga El infortunio a batallar contigo, Recuerda, sí, que tienes un amigo Que a la hora del dolor sabe volver.

sin saberlo

sé