Spanish poem
Papá De Mi Vida
by Rafael Pombo
Papá de mi vida, Mándame a la escuela, Que hoy al que no lee Lo llaman tío Bestia. El Gobierno manda Que todos aprendan. Para hacernos hombres, Como otro cualquiera, Porque el mismo Cura Predica en la iglesia Que desde que aquí Hubo independencia. Sólo el que no lee Es gente plebeya, Y no puede ser Ni alcalde siquiera. Mientras que en sabiendo Conocer las letras. Presidente lo hacen Si tiene cabeza. Dicen que hubo Papas, Reyes y poetas Que en sus tiernos años Porquerizos eran; ¿Quién quita que yo Cuando escribir sepa Resulte algo grande Que honre a nuestra tierra? Dios reparte chispa Sin ver cara o tela, Y hay almas muy lindas Como hay caras bellas; Y hoy tal vez figuran, Gracias a las letras. Pájaros más tontos Que esta humilde perla. El Gobierno paga, ¿A ti qué te cuesta? Papá de mi vida, Mándame a la escuela.
Qué envidia me da Ver por dondequiera A niros y niñas, A viejos y viejas Por la tardecita Tomando la fresca. Sentados en corro Espalda a la puerta, Viendo las noticias Que da la gaceta. Leyendo sus cartas O historias de guerras, Aprendiendo nombres, Comparando fechas. Oyendo admirados Tanta cosa nueva, Sabiéndolo todo, De todas las tierras. Sin salir de casa Ni buscar quien lea. ¡Ay! mientras que yo. Con ojos y lengua Me quedo en ayunas Si no me lo cuentan.
Cuando hablan o leen Personas de letras, ¡Qué cosas les oigo Tan lindas y buenas! Chistes que de risa Casi me revientan, Versos que de llanto Los ojos me llenan, Y tantos hallazgos, Y tantas recetas Para hacerse ricos Y aliviar dolencias. Acuerdome entonces De mamá y de Pepa Y digo ¡qué lástima Que aquí no estén ellas! Todo lo que escucho Contarles quisiera. Porque a la par mía También se diviertan; Vuélvome volando. Mas, ¡memoria perra! No bien entro en casa Todo se me enreda. Ni un cuento ni un verso Les digo a derechas, Y si ellas se ríen Es de mi simpleza. Papá de mi vida Mándame a la escuela. Que quiero escribir Tanto que me cuentan.
¡qué lástima
Que aquí no estén ellas!
Bartolo, el sobrino De doña Clemencia Está enamorado De Brígida Peña, Y dice que pronto La lleva a la iglesia, En cuanto el tabaco Le rinda cosecha. Ella lo idolatra, Él muere por ella, Y a los padres de ambos La cosa les peta; Menos a la madre De la Dulcinea, Que tacha a Bartolo De sangre plebeya, Como si la sangre Fuera mala o buena Y no la conducta De cada hijo de Eva. Al pobre Bartolo Lo tiene entre cejas, Le gruñe, lo insulta, Le cierra la puerta; Y a Brígida en tanto Cual monja la encierra, Y no deja que hable Con él ni por señas. Pero la plumita Todo lo remedia. Llevan día por día Gran correspondencia, Y se escriben cosas Tan dulces, tan tiernas. Que dudo si hablando Se les ocurrieran. Cuando él ve la carta Exclama ¡es su letra! Y ¡cómo la mira Y cómo la besa! Hecha agua la boca Le da veinte vueltas; Con sumo cuidado El sobre despega, Y al leer parece Ir contando perlas, Y que a cada instante Se pierde la cuenta. Sobre el corazón Guardadas las lleva Cual santas reliquias Llenas de indulgencias; Bajo la almohada De noche las deja; En soñando, apuesto Que sueña leyéndolas, Y a la mañanita No bien se despierta Lo primero que hace Es, ¡dale! leerlas. Desde luego, como Cartas no son piedras, A los cuatro días Ya parecen viejas. Mas si al fin se casan Bartolo y su prenda Ellas los casaron, ¡Den gracias a ellas! Parece que el alma Se les vuelve letras, Y que dentro el sobre Viene el alma envuelta. Papá de mi vida. Mándame a la escuela. Pues ya que esté grande Tal vez me convenga Buscar una dulce Formal compañera, Y amor que no escribe Ni a explicarse acierta. Quiero que a mis ansias Corresponda tierna, Y dicen que cartas Son correspondencia.
¡es su letra!
Cuando un desdichado Se va de su tierra, Y padres y amores En lágrimas deja. El triste qué haría Si no le escribieran, Y ellos sin sus cartas ¿Con qué se consuelan? Viven del correo En ávida espera, Preguntan caminos Distancias y fechas, Y al fin llega el día Y cartas no llegan; ¡Qué noche esa noche! ¡Qué sueños se suenan! Todo aire es borrasca, Todo ruido es guerra, Y hasta las gallinas Se vuelven cornejas. Torna el sol; mas ellos Siguen en tinieblas; Ya no es que no hay cartas, Es que se las niegan. Cuantas caras topan Parecen, siniestras. Hablarse al oído, Contestar a medias, ¡Dios mío! ¡lo dije! ¡Mi pecho no yerra! Prorrumpe la madre, Y el llanto se suelta. ¡Mas no! no era justa Tamaña impaciencia; ¡Ya vino! ¡hubo cartas! ¡Gran día! es de fiesta. Entre lloro y risa La madre las reza, Y a dar a Dios gracias Callada se ausenta. Palomitas blancas Con rayitas negras Que salvando mares Y montes y selvas, A madres y esposas Lleváis dulces nuevas, Ramos de esperanza. Ternuras de ausencia: Bendito el que os trajo ¡Del Cielo a la tierra! iBendito el que os manda! ¡Bendito el que os lleva! Vosotras del preso Burláis las cadenas, Que en alas de pluma Libre el alma vuela, Do llegáis vosotras La esperanza llega, Y alegráis a todos Los que aman y esperan. ¿Cuando será el día Que yo también pueda Soltaros de ida Y oíros de vuelta?
¡Dios mío! ¡lo dije!
¡Mi pecho no yerra!