Spanish poem
Por Verte Vino Hasta Aquí
by Rafael Pombo
Por verte vino hasta aquí Una entre las bellas bella; Cuando ella te admire a ti Vas a enamorarte della. Que si eres mole maestra Del Miguel Ángel divino, También con ella hizo muestra De su cincel peregrino. Tan linda le pareció Que, previendo su renombre, Ángela la bautizó, Dándole su propio nombre. Si en ti el San Pedro contemplo, En ella veo tu corona: Tú le servirás de templo Y ella será tu madona. ¡Gran contraste en que se esfuerza Dios por lucir su poder! ¡La gracia frente a la fuerza! ¡El Niágara y la mujer! Allí un abismo rugiente Traga un diluvio sin fin, Aquí corona su frente La forma de un serafín. Es el diluvio que quiso Volver a ver su paloma, El ave del paraíso Que sobre el caos se asoma; O ángel que de las alturas Dios mandó propiciatorio A sacar almas ya puras De este horrendo purgatorio, Cual la fascinada presa Del mágico serpentón, Su ojo infantil se embelesa Ante este hambriento dragón; Pero él mismo fascinado Por la elegante doncella Amoroso le ha rogado Cambiar retrato con ella. ¡Cuántos quedaron así, Cual con su Onfala el Tebano, Convertido en maniquí El que aspiró a ser tirano! Que si esta inmensa cascada Como un martillo pudiera Reducir a polvo, a nada, Del Andes la cordillera, A su turno es la beldad Omnipotencia en el mundo, Disfraz de debilidad Con que anda un dios vagabundo, Toda ella es vórtex que atrae Con hechicero reposo, Y de sus pupilas cae Un niágara silencioso. ¿Y quién no se lanza en él A aspirar con egoísmo Las rosas de tal vergel Aunque encubran el abismo? ¿O al menos quién se escapo ¡Oh Angela! estando contigo De lisonjearte? ni yo De lisonjas enemigo. Tú, como yo, las detestas; Tú sabes bien que ellas son Pérfidas redes funestas Tendidas al corazón. Como el vaho que rebota De la catarata al pie, Que aturde y ciega y azota Al que por detrás la ve. Y si en el estrecho andén No se mantiene sereno Rechazado en su vaivén Lo precipita en su seno. Mas para ti no hay abismo: Tn serás aquel fulgente Iris puro, siempre el mismo Entre el furor del torrente.
Ángela
vórtex