Spanish poem
Si La Instrucción Es Necesaria Al Hombre
by Rafael Pombo
Si la instrucción es necesaria al hombre, A la mujer no es menos necesaria, Pues ella, como madre forma al niño Con la preciosa educación temprana; Ella, entre halago y risa le insinúa De Jesús la vivífica palabra, La de Dios mismo, que habla por su boca, La que alzó el universo de la nada: Y esa primera educación semeja El rocío del alba, que a las plantas Ayuda aun más que el sol del mediodía, Más que la tarde con sus frescas auras. Si es débil la mujer, ¡cuánto más débil Hácela entre nosotros la ignorancia. Puente del ocio, madre del hastío, Y de pobreza y desamparo hermana! ¿Qué es aquí la mujer cuando el apoyo De un padre fiel la muerte le arrebata, Cuando no tiene hermanos que la mimen Y toda digna protección le falta? ¿Qué la mísera viuda entre nosotros Cuando de tiernos hijos circundada No sabe defenderse y defenderlos De los peligros que en contorno amagan? ¿Cómo podrá velar por su familia Si ni en sí misma tiene confianza, Y sólo sabe que es mujer y es débil, Sin más educación que su criada? ¿Si aunque sus intereses y derechos La ley proteja, es incapaz de usarla, Y por preocupación y por costumbre La que nació mujer se estima en nada? No hay entre su aptitud y sus deberes Equilibrio posible en su ignorancia; A su buen corazón le faltan medios De obrar, y en vano se desvive y ama. Es como un general cuyos soldados Sus hijos son, y encuéntrase en campaña Con la inercia o piedad del enemigo Por único armamento y esperanza. Cuando la madre es ignorante y débil Pueden los hijos tiernamente amarla, Mas no conseguirá que le obedezcan Lo que ella incierta y temerosa manda. La mujer de un Nerón o de un vicioso Suele ser una mártir, una santa. Que cree que todo su deber consiste En aguantarlo como humilde esclava: Así en nodriza y pábulo del vicio La infeliz se convierte, y cree que gana Méritos para el Cielo cuando afirma Con su inacción la perdición de su alma. Si, al contrario, en sí misma y en las leyes Y en el resto de amor que acaso guarda El bruto aquél y en la sanción ajena Un poco más la mártir confiara, Pudiéralo volver al buen camino Haciéndole purgar el que llevaba, O librara a sus hijos y a sí misma De la insufrible, incorregible plaga. Y su deber ¿cuál es? La ley de Cristo ¿Qué le prescribe? Gobernar la casa; Y al marido, aunque incrédulo, sumisa, Probar si amor y sumisión lo ganan. Pero en el vicio, nadie a servidumbre Está sujeto; el Cielo le prepara De Helí el castigo, si imprudente o débil A la prole común del mal no guarda. Y a todos recatarnos nos ordena Del que escandalizare; y ni la vianda Con el ebrio tomar, o el maldiciente, O el que de ajena propiedad se alhaja. Los hombres en el tráfago del mundo El dardo embotan de la suerte ingrata; Su misma actividad los fortifica, Y del tedio letífero los salva. El universo ante su vista extiende Todos sus tentadores panoramas, Si erraron un camino, emprenden otro, Y si hoy cayeron, triunfarán mañana. Lo extraño y vario de la suerte ajena Estímulo les brinda y esperanza, Y será culpa suya, y no del mundo, Si alguna vez vencidos se declaran. De la mujer la vida es más estrecha, Monótona, pasiva y solitaria; Su infortunio es un huésped sempiterno,. Y es su mayor felicidad, amarga. Ella se juega entera en una suerte, Y si la erró, no hay salvación humana; Y sin embargo, a errar viendo que yerra Su timidez la obliga y su ignorancia. ¿Qué hará con un espíritu vacío Para llenar las horas de su casa, Y entender el espíritu del hombre Y ser su compañera y su guardiana? ¿Cómo ha de cautivar su índole inquieta Y enamorar eternamente su alma Cuando toda su gracia es su figura, Y extinta esa ilusión no queda nada? La ignorancia es insípida, y muy pronto La insipidez deja sentirse, y cansa, Y una vez que cansó, se hizo su dueña Insoportable al hombre que idolatra. La falta de instrucción y de cultivo No sólo tales infortunios causa; Que es asimismo fuente y alimento De la maledicencia y chismografía La mujer que al estudio se aficiona Y abrió al fin de su espíritu las alas A admirar en sus dones y portentos La omnipotente diestra soberana; La que del Universo la armonía Vio a la luz de la ciencia, y en la vasta Procesión de la historia el triste juego Del egoísmo y vanidad humana; La que ha logrado de las Artes Bellas Sentir la magia enaltecente y casta Y penetrar en el santuario excelso Do el Sanzio pinta y Palestrina canta; La que de una Staël apreciar supo La crítica profunda y delicada, Y de Rosa Bonheur los lienzos puros, ¡Virtud y poesía en aire y vacas!... Esa mujer ya es sorda a las hablillas Ociosas y ridiculas que a tantas Sirven de ocupación; esa ya es muda Para mofarse atroz de sus hermanas; Esa sí puede acompañar al hombre Entrando en el santuario de su alma, Y serle fiel, porque la sangre en ella Nunca al activo espíritu avasalla. Puede hacer rico el más modesto nido Con la magia del arte y de la gracia, Y reinar dignamente en su familia Y dar nombres ilustres a la Patria. Ya ella aprendió que la mujer no es débil, Que su debilidad es su ignorancia, Y que Teresa y la Isabel primera Modelos son de santos y monarcas. Pero aquí en vuestra noble Directora Veo la prueba mejor de mis palabras: Su virtud e instrucción la han hecho fuerte, Seguid su ejemplo: con su ejemplo basta.
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