Versos Spanish Rafael Pombo Si Mis Ojos No Te Ven

Spanish poem

Si Mis Ojos No Te Ven

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Si mis ojos no te ven, Si no te oyen mis oídos, Si no pueden confundidos Nuestros alientos volar; Deja que brote violento Y vaya rasgando el viento Mi oprimido pensamiento Tu pensamiento a buscar. Y si estas líneas insípidas, Descoloridas, forzadas, No las hallares trazadas Con sangre del corazón; Tal vez tu mano sí siente Que otra convulsa y ardiente Dejó una huella caliente Impresa en cada renglón. ¿Y nada más? Viles letras, Rayas mezquinas y tardas, Notas indignas, bastardas, De un concierto creador; Cuando una mirada, un grito, Un gesto, un rubor bendito, En un soplo un inñnito Decir pudieran de amor. ¿Amor? ¿Qué nombra con eso La lengua imbécil del hombre? ¡Dios mío! ¡préstame un nombre Digno de mi sensación! Nombre de luz soberana, Digno del sol de que emana Nombre que en la lengua humana No se impregne de baldón. ¡Necio de mí! Cuando el alma Recorre en vuelo sediento Abismos de sentimiento Más profundos cada vez; Cuando con rápido embate Mi sangre en mi frente late Y por ensanchar combate De su prisión la estrechez. Yo forcejeando en mis hierros Quiero coger en la pluma Alguna chispa de espuma De ese torrente inmortal; Que su desorden se ahorme Al ruin metro uniforme Y que en tierra se transforme Su armonía celestial. Deja que al menos pronuncie Tu adoradísimo nombre; Deja que el pecho de un hombre Suspire, ¡oh ángel! por ti. Y si mi pluma entretanto Osa dirigirte un canto Mira mis gotas de llanto Más que mis versos aquí. Tú en cuya faz rompen ya Bajo igual próspera estrella Tres flores a cual más bella, Beldad, juventud y amor; Tu que velas su corola Con una blanda aureola Que a veces casto arrebola Con dulce beso el pudor. Y que vibras encantada Una alma en cada mirada, Y una brisa perfumada Dejas, de esperanza, en pos; Tú que señalas escrito En la calma de tu frente El nombre benevolente Que se goza en darte Dios. No esperes que yo me mezcle En la turba de serviles Que con lisonjas pueriles Quieren comprar tu favor. Ni que, sombra de tus ojos, Acechando tus antojos, Vaya a pedirte de hinojos Una limosna de amor. No esperes que disfrazado De búho de infanda suerte Con juramentos de muerte Piense aterrar tu desdén. Ni temas (si algún secreto Me dijo labio indiscreto) Que él me valga de amuleto Contra tus iras también. Que, por ventura o desgracia, Altivo sin condiciones, No sé menguar mis pasiones Con la farsa o el ardid. Y orgulloso y franco, voy A mi objeto tal cual soy Y es mi amor si amando estoy Mi escudo y arma en la lid. Tal vez muriendo en silencio Doy culto aunque nada espere Al ídolo que prefiere Mi corazón sin disfraz. Mientras quien más se impaciente Y hable y llore y argumente Es aquel que menos siente Y es aquel que miente más. Como las aguas de un río Y como todo en el mundo El amor es más profundo Do más sosegado está. Fuego que no se divisa, Fuego dormido en ceniza, Es fuego que pulveriza Lo que a despertarlo va. Y ese cielo de la tierra, Santuario de la vida, Eternidad presentida Por la sensibilidad; ¿Quieren los necios que sea De desdichas panacea, Favor que se pordiosea Del capricho o la piedad; Para que luego conquisten Con algún hurtado anillo, El aplauso del corrillo, Los rumores del salón; Sacrificando por nada Una hermosa inmaculada A una torpe carcajada, A una cínica alusión? ¡Mi virgen! si no me amas, Si aspirar tanto es locura, Si no alcanza mi ternura Siquiera un reflejo en ti; Si a Dios por mi bien no agrada Mi dicha ver coronada Con la dicha en ti cifrada Que férvido le pedí: Recuerda al menos que un día Entre débiles amantes A las puertas deslumbrantes De la febril juventud. Se detuvo a hablar contigo, Diciendo lo que te digo, Un amante buen amigo Digno de tu gratitud. El vio su dicha en tus ojos, Y hablándote caballero Puso abierto todo entero Su corazón a tus pies: ¡Dígnate verlo siquiera! ¡No le rechaces severa! ¡Tómalo linda hechicera... Y no lo vuelvas después! Arrúllalo como a un ave Triste pero melodiosa Que perseguida y quejosa Vino a ampararse de ti. ¡Cuánta caricia en seguida No le hicieras sonreída! ¡Esas caricias, mi vida, Mi vida sean para mí! No esa copa que prodiga Siempre vacía y repleta Una insípida coqueta Suicida por diversión; Esa parodia impudente Que hastía sin que alimente Y el alma torna impotente Y estéril el corazón.

Con algún hurtado anillo,

¡Oh! ¡vuelve noche de danza, Delirio incesante mío Trayendo por atavío De un sueño la realidad! ¡Ponme sonrisa en sus ojos, Amor en sus labios rojos, Y si en su seno hay enojos, Un perdón de intimidad!

Si esto cae en otras manos No imagines que me ofendo Ni que en un punto desciendo La limpia frente a humillar: Yo que te rindo, alma mía, Generosa idolatría ¿Por qué no me jactaría. Delante el mundo, de amar? Y si estos versos, indignos Del sol de amor que me ciega, Tu mano tímida entrega Al fuego sosegador. No verán indiferente Tras la llama transparente Mi mirada fija, ardiente, Devorándote de amor.