Spanish poem
Un Sarao Pericante
by Rafael Pombo
«¡Perla! —dijo a doña Alcira Su esposo el doctor Pilato— Hace un año, ¡tiempo gratol Que nos casamos tú y yo; »Y es justo que festejemos Debidamente el gran día; ¿Qué opinas, cachorra mía?» —«Hágase,» le respondió; «Pero no echemos en fiestas La casa por la ventana Y nos hallemos mañana Sin un hueso qué almorzar. »Para mí no hay fiesta alguna Más dulce que estar contigo; Pero no te contradigo, Tu querer es mi mandar». —«¡Gracias!» Soponcio replícale Dándole un beso en la frente, «Vamos pues, incontinenti, A invitar para el festín. »Dicta los nombres, paloma, Yo seré tu secretario, Y en el ramo pecuniario Expide tú el boletín». —«Ante todo, es de ordenanza, Dijo la amable doctora, Convidar a Pincho y Flora, Padrinos de nuestra unión. »Y al decir Flora, ya dije Su novio el galán Barbucho; No se divirtiera mucho Uno solo de los dos. »Luego con su fiel Canícula, Don Tripón Mastín Tarasco...» —«A ese no hay que darle un chasco Con una cena así, así». —«Tú verás. Apunta al Conde Arrufo de Terranova, A Zaida, a Zamba, a Caoba, Y a la linda Fililí. »Con veinte más, es bastante, Las chicas tendrán parejas, Y los viejos y las viejas Charlarán y comerán. »Yo, traje nuevo no haré, Prefiero el de nuestra boda, Y si no lo creen de moda, ¡Qué me importa el qué dirán!»
Llegó lo noche fijada Por nuestros cónyuges tiernos, Y por pares o por ternos Llega la gente invitada. Vense allí, como en museo. Lebrel, Pachón, Gozque, Alano, Sabueso, Galgo, Jateo, Y el Chino y Faldero enano. Los que gastan más boato Vienen en carroza propia, Los atacados de inopia En un ómnibus barato. La sala, limpia y sencilla, Do aqueste gaudeamus pasa Es el zaguán de una casa. Con su escaño y con su silla. Pero como era sensato Dejarlo holgado, ancho y fresco, Se arregló para el refresco La covacha de Pilato. Dos ujieres, mono y mona, Anuncian los nombres; pero Examinan bien primero Los pies de cada persona; Pues la señora abomina Ver en su alfombra una mancha Y sabe que en esto es ancha Toda conciencia canina. Por más variada y amena Se dispuso a hacer la holganza Sarao de canto y danza Con apéndice de cena. Mas para Tripón Tarasco El apéndice es la obra, Canto y baile están de sobra Y les hace un gesto de asco. Acercose con misterio A doña Alcira, y le dijo «Temo que en el regocijo Nos acontezca algo serio; »Se me accidentó en el coche Mi idolatrada Canícula, Y fuera cosa ridicula Que repitiera esta noche; »Está débil, —y es receta Del doctor en tales casos Darle, a intervalos escasos, Un tentempié, una muleta». Dona Alcira trajo al punto Torta de ratones fría, Bocado a cuya energía Estornudara un difunto; Y él, más veloz que una flecha, La intercepta con aplomo Diciendo: «Cuanto yo como, A mi mujer le aprovecha». Con cuyo breve prefacio Se arrellena como un fraile A gozar de torta y baile El digno alumno de Horacio. Diose principio a la fiesta Con la hermosa sinfonía De La Muta, alias Jauría, Trabajada a grande orquesta. Luego, un trozo del Podenco De Padua, bastante malo, Y un dúo del Salgan-a-palo Que también salió algo renco. Después la contralto Zaida Cantó aquella cavatina «Late il cor» de Perrisina Y la canción de Zorraida. Pero la gran prima donna Fue Fililí, la faldera, La que debió ser postrera Si talla hiciese persona. Y aunque alegó estar muy mala, Con el gañón como un cristo, Y que en dos meses no ha visto Un papel, ni hecho una escala, Dio una aria de Gazza Ladra Con tan eléctrico efecto. Que sollozó (en su dialecto) Cuanto perro hubo en la cuadra; Y entusiasmado Tarasco Cantó la marcha bucólica De Zampa, en voz tan diabólica Que todos gruñeron «Fiasco». Con esto el concierto expira Y Pincho rompió la danza Poniendo una contradanza Con su ahijada doña Alcira. Los novios Flora y Barbucho Fueron pareja perenne, Lo cual, en tono solemne, Se lo motejaron mucho. Y también como mal hecho, Se tachó al doctor Pilato Que disertase gran rato Sobre puntos de Derecho. Mas aquello no fue obstáculo Al común esparcimiento: Ninguna dama en su asiento Quedó de mero espectáculo. Cabriolaron como locos; Y aunque perros, o bien, canes, Ninguno allí vio cancanes Ni otros groseros descocos. Y cuando de tal faena Se cansó todo el perrambre. Pararon latiendo de hambre A descansar en la cena. Esta fue digna corona De tertulia tan completa, Salvo que en una pirueta Manchó un vestido la mona. Y sin otra perripecia La orquesta les dijo abur Con el Dogo de Venecia Y Lucía de Lamermur, Tras de lo cual la alborada De un perro lluvioso día Vio salir la perrería A dormir su trasnochada.
La Muta Jauría
Podenco
De Padua
Salgan-a-palo
Perrisina
Zorraida
Gazza Ladra
Zampa
Dogo de Venecia
Lucía de Lamermur