Spanish poem
Un Sultán Opulento
by Rafael Pombo
Un sultán opulento, Tanto que ni en las noches orientales Soñó el mortal magnificencias tales, Y cuyo enorme imperio se extendía Como la luz del día, Allende el hombre, el bruto, el mar y el viento; Murió, pues de morir no estaba exento, Y dejó catorce hijos, y partida, Para evitar innatural pendencia. En trece, no en catorce, su opulencia. A dos varones, predilectos suyos, Asignó un par de imperios y de cortes, Vasallos en innúmeras cohortes Y montes cien de rica argentería. A su hija la más bella, a la que envidian Los fúlgidos cocuyos Por su pecho de fuego; a la encarnada Cual la flor de granada, Legó su portentosa joyería De esmeraldas y perlas, y un palacio, Laberinto sin fin de galerías Entapizadas de oro, y de oro blanco, Donde revuelan lindas mariposas De plata y esmeralda, y vibra el canto De aves que adornan piedras mil preciosas. Repartió lo demás de prendas de oro A otras cinco princesas, y a la sexta Tocó de ópalos raros un tesoro Fijó el haber de los demás varones, Con lo restante, dando de los hijos Al de índole modesta Al menos pedigüeño y más distante. Sólo un montón de cobre, Con el designio de dejarlo pobre. Otra hijita tenía Que por enana, humilde y mal formada Nunca le cayó en gracia, ni una joya Le regaló jamás. Esa infelice Abandonada en el rincón vivía De un mísero cortijo; Ningún hermano su derecho apoya, Y al testar el sultán quedó olvidada. Mas llamola al morir, y así le dijo: —«Hija, ya no me resta prenda alguna; Pero poco te basta por fortuna. Y no eres dada al fausto y al derroche. Ten tu rincón; y a más se te adjudica, A falta de oro, el título de Rica». Muerto el papá sultán, Alá indignada Por su mal corazón, envió esa noche Un ángel a la huérfana en su sueño, Y éste le dijo así:—«Vengo enviado Por el que toda iniquidad repara, El que al huérfano ampara Y al mísero indemniza y al pequeño. Tu padre te ha dejado por herencia Nombre de rica, bárbara ironía, Y a otro de tus hermanos la indigencia: Pero Dios burlará su burla impía. A aquellos que han quedado en la opulencia Ella los pudrirá: de sus tesoros Brotarán el capricho, el ocio, el juego Que los disipará cual meteoros Para purgarse y corregirse luego. »A tu hermano el más pobre La sensatez, el orden, la modestia En oro y gloria tornarán su cobre, Y en cuanto a ti, desheredada niña, Toma esta rama, plántala al momento En tu pobre campiña; Su fruto es milagroso: el que lo coja Será honrado, feliz, fuerte, opulento Y extraño al fuego y la feroz rapiña». Y aquel ángel venido en forma de hombre Despareció: Velarde fue su nombre; Era el café la misteriosa rama Que trajo del Edén; y es Costa Rica La huérfana feliz, la pobre rica.
Rica»
Velarde
café
Costa Rica