Versos Spanish Rafael Pombo ¡Ved! Por Los Lindes Del Firmamento

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¡Ved! Por Los Lindes Del Firmamento

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¡Ved! por los lindes del firmamento, Ardiente espejo del pensamiento, Surgen de pronto dos nubecillas Blancas, redondas, juguetoncillas, Que por remotos puntos diversos Van escalando los muros tersos De esa rotonda de azul cristal, A par del astro, vital torrente, Que cual caudillo de un rey potente Ya rompe augusto por el Oriente Su esplendorosa marcha triunfal. ¡Oh luz, oh aromas, oh aura temprana! ¡Puras delicias de la mañana! ¡Ah, si volvieseis a la alma humana Como a los ojos sabéis volver! !Ah, si pudiesen los corazones Guardar sus flores, sus ilusiones Embalsamadas con las visiones De nuestro virgen amanecer! ¡Ved!

Oh luz,

Las nubecillas van entretanto Subiendo al culmen de sus venturas, Ricas y orondas del gayo encanto Con que el sol pinta sus formas puras, Perlas mellizas del mar del cielo, Cuyos celajes deslumbradores Vencen el oro y el terciopelo Y avergonzaran las mismas flores; Entre sus pliegues reverberantes Aún guardan frescas y rozagantes Aquellas tintas que vimos antes Franjando al alba su pabellón. ¡Ah, quién pudiera salvar como ellas Del alba humana las tintas bellas Y el blanco rayo de sus estrellas Entre los pliegues del corazón! ¡Besos de madre para la frente, Risas de hermanas para los ojos, Sueños del cielo, santos sonrojos De la primera llama inocente! ¡Crímenes de ángel, casto embeleso De esas madonas de carne y hueso Que como a cosas del otro mundo Idolatramos en oración! ¡Cuál habrá sido, cándida Infancia, El almo néctar de su fragancia, Si al sólo hechizo de tu memoria Pasa una brisa, lampo de gloria, Por los desiertos de la ilusión! Son los acordes de una arpa santa, Música de alma, no de sentidos, Que en la alta noche lamenta y canta Nuestros edenes desvanecidos. Ya no entendemos tus caras notas, Tus melodías nos llegan rotas; Rota en sollozos huye tu voz; Buscamos... vemos... no hay más que sombras, Pero sentimos que tú nos nombras, Que fuimos tuyos, que fuiste nuestra, Que dentro el alma cantaste un día Y que si al soplo de aura siniestra Ya nos divorcia valla sombría, Aun en la noche de la existencia Habrá una dulce, triste cadencia Que nos recuerde tu eterna ausencia Y nos suspire tu eterno adiós!

Infancia,

sentimos

Soplan los vientos, cesa el reposo Y se estremece Natura entera, Como la virgen con la primera Pura caricia del tierno esposo. Las nubecillas al perezoso Galante impulso del manso viento, Hijas mimadas del firmamento, Siguen el rumbo de su destino No importa a dónde, que su camino Todo es capricho, todo es contento. Ven a sus plantas tendido el mundo Como un paisaje, como un banquete Que al ojo cándido y vagabundo Miel y delicias no más promete, Y así embriagadas las nubecillas, Indiferentes, juguetoncillas, Sueltas, ligeras, libres de afanes, No han sospechado que hay huracanes, Tinieblas, truenos, borrascas fieras Y soledades aterradoras, Y negros filos de cordilleras Do irán acaso brisas traidoras A hacerlas presas del vendaval. ¡Gozad, oh nubes, las breves horas De vuestro sueño matutinal! Soplan los vientos

¡Mirad! Al soplo de ventolinas Se esponjan gratas las peregrinas Y donairosas se balancean, Y van, y vuelven, y juguetean, Rizan sus crenchas, danzan festivas, Se acercan, se huyen provocativas; Cual dos amantes se andan buscando, Y en tanto el viento las va empujando Y van cayendo, burla burlando, Sobre alta cumbre de excelso monte Que allá en lo vago del horizonte Cual a una cita las aguardó; Allí se posan y se solazan, Y sin saberlo las dos se abrazan, Y en ese abrazo que las confunde Luz prodigiosa las ilumina, Rayo bendito de amor fulmina Y por los aires en torno cunde La voz del trueno que las juntó. ¡Oh Amor, oh fértil, oh dulce guerra, Rey de los cielos y de la tierra, Ley de las flores y de las nubes, Ley de los hombres y los querubes! ¡Oh Amor, Dios mismo lleva tu nombre! ¡Tú en un ser solo conviertes dos! ¡Tú hiciste en Cristo de Dios un hombre Y haces en Cristo del hombre un Dios!

Amor

Amor

Esas dos nubes que se encontraron Y que se unieron porque se amaron Y hoy ningún viento dividirá, Al otro lado de la montaña Son una fuente que la campaña Con limpias aguas fecundará; Y en sus murmullos tendrá sonrisas, Y de su valle las blancas brisas Nardos y lirios y ardientes rosas Sobre sus linfas deshojarán, Y en sus orillas las nemorosas Copas sus frutos suspenderán. No será todo césped y arenas, No irán sus linfas siempre serenas, Que con las rosas caerán espinas, Y hay en la arena piedras ladinas Y en toda orilla zarzas dañinas Que arpan al peje y al pescador; Polvo y tropiezos en todo suelo Y negros días en todo cielo; Y en toda fuente gotas de hielo Llora el nublado centellador. Asilo quiere la Providencia, Y es una misma nuestra sentencia Hombres y fuentes, aves y flores; La ley bendita de los dolores Dios hizo hermana de la de amor. Y el Padre Sumo, Rey de los Reyes Anunció juntas entrambas leyes En los jardines del paraíso Y en sus angustias de Redentor, Y a hombres y fuentes el Padre quiso Purificarnos con el dolor. Esas dos nubes

fuente

Aquella fuente no es ya la nube Que vaga y gira, desciende y sube Indiferente, juguetoncilla Al aura que anda y al sol que brilla, Camaleoncita del firmamento Sin más afanes que el del momento, Sin más esfuerzos que los del viento, Sin más deberes que el del vivir. Ya escucho el fallo de su destino, Está trazado ya su camino; Ya no es juguete del aire vano Que en sus arrullos era un tirano, Y hoy voluntaria, doblando el cuello, A un cauce santo, fecundo, bello, Risueña esclava de altos deberes Es más bien reina del porvenir; Nuevas virtudes son tus placeres, Nuevas coronas han de ceñir. Aquella fuente

Dignos amigos, amantes tiernos Que aquí, y ahora, y a nuestros ojos Os habéis hecho votos eternos Al pie del ara del Redentor. Oíd los cantos de vuestras vidas Que solemnizan vuestros amores, Coro de adioses y bienvenidas, Voz de delicias y de dolor. Esta es la cima do aportó el viento A esas viajeras del firmamento, Y aquí posaron corto momento De amor, de tregua, de reflexión. Ésta es la cumbre de la existencia Que en dos mitades la determina Y donde el ojo de la conciencia Solemne extiende su gran visión. Atrás quedaron los tiernos padres, Sus sacros besos, sus sabias voces; No os acompañan en vuestros goces Esos guardianes, sombra de Dios. Uno por uno fueron rompiendo El santo grupo golpes fatales, Y de los dulces himnos natales Ha enmudecido más de una voz. Y aunque ambiciosos os distrajeron Los panoramas de la esperanza, Quizá en las vueltas de alegre danza Vino a asaltaros sorda inquietud. ¡Traidor fastidio, risa doliente, Sospecha horrenda: verse uno solo! Voz del futuro que habla al presente Retando a muerte la juventud. En vano os daba la gran Natura Su inmenso abrazo de tierra y cielo, Y regalabais en su hermosura Alma y sentidos y corazón. Siempre en el rapto de esa armonía Una discorde rebelde nota, Con el murmullo de la ironía Interpelaba la creación. Siempre vibraba triste, incompleta La lira humana; viviente lira, Esa en que todos somos poetas A ciertas horas y en cierta edad. Doble arpa, ardiente, creyente, amante, Que Adán comienza y Eva termina, Donde él, sin ella, perplejo, errante Lloró al principio su soledad. Que en vuestros pechos en tanto hervía Volcán latente de amor sin nombre, Cáliz de un néctar que Dios vertía Y humano labio jamás probó. Templo encantado que en misteriosa Grata salmodia blando retumba, Y que está triste como una tumba Porque en sus aras le falta un dios. Reclamó entonces vuestra existencia El desahogo del peregrino, Un guardián nuevo para el camino Por los que en tierra quedaron ya. Pábulo al fuego, viento a las alas, Labios al cáliz y al templo el santo, Y eco viviente para ese canto Que en pos de sombras gimiendo va. Así llevabais los corazones Mártires de ansias indefinidas, Entrambos libres, pero a escondidas Ambos llorando su libertad. Secreto impulso de un mismo anhelo Uno hacia el otro blando os condujo, Y de dos tedios, amor produjo, Una completa felicidad. Sí, sois felices; mas Dios no vierte Sus ricas gracias sin condiciones, Él por incienso pide oraciones Y para riego llanto nos dio. Juntad las manos y ante Él de hinojos Aquí en la cumbre del gran camino Orad amantes por el que vino, Orad dolientes por el que huyó. Que vuestras voces la gracia alcancen Confirmadora de vuestro acierto, Y en lo alto vibren del gran concierto Con que os festeja la juventud. Cual la campana que al mediodía Rige del mundo la inmensa orquesta, Dando al trabajo su himno de fiesta Y a Dios su incienso de gratitud. Dignos amigos

Ésta es la cumbre de la existencia

solo!

Alzaos, y a Ocaso tended la vista Ya que al Oriente la dilatasteis; Todo ha cambiado, ya os transiformasteis, El mundo de ambos es otro ya. Terminó el joven, empezó el hombre, «Mujer» la niña tomó por nombre, El viaje es serio, sentado el paso, Más firme y recto sabe do va. Ya por el valle de su destino Fuente que al ruego del campesino Constante obrera de un fin divino Envió la excelsa benignidad. Van esas nubes que por el cielo, Frívolo ornato, flores de un velo, Iban llevando su incierto vuelo Con indolente felicidad. Dejáis el mundo de los ensueños, Vanos y falsos, aunque risueños, Y hoy os regala sus dulces sueños, Sueños mejores, la realidad. Cerráis los días de vanas flores, Y os las promete desde hoy mejores El pingüe otoño de los amores, Festín tranquilo de bendición. Pliega sus alas la poesía, Loca aventura de fantasía, Y almos tesoros de más valía Os abre el fondo del corazón. Alzaos

Gentil pareja de nubecillas Que ayer volabais juguetoncillas Y hoy refundidas en ondas bellas, Dejáis los campos de las estrellas Por los del mundo que os traza Dios. Regad el valle de paz y amores Donde entre un arco de gasa y flores Fe, Amor y Amigo ya os introducen; Guardad los rayos que hoy claros lucen En vuestras frentes, y siempre amables, Y siempre amantes e inseparables, Sed siempre uno, nunca más dos. Creced en manso y hermoso río, Y nuestros votos y el canto mío Irán gozosos volando en pos. Gentil pareja

uno dos.

¿En los celajes de vuestra aurora Reconocisteis dos blondos niños, Y los transportes y los cariños Con que dos madres los adoraban, Y la sonrisa con que pagaban Los querubines su frenesí? ¡Ah, los del cielo los envidiaban Si allá no hay madres como hay aquí! ¡Ni hay en el cielo santas más bellas! ¡Ni hay en el mundo dichas mejores! ¡Ese es el santo de los amores Y el mundo empieza faltando aquéllas! Aquéllas fueron las dos estrellas Que os alumbraron al despertar, Y horas benditasos dieron ellas Cuyos recuerdos hacen llorar. Mas si llorasteis, volved los ojos A los celajes del Occidente, Y ved el cuadro que entre sonrojos Amor os pinta resplandeciente. ¡Ved esos lirios de albor viviente Que abren su cáliz en vuestros brazos, Y esos transportes, y esos abrazos, Y esas sonrisas sin tentación! ¡Ved el milagro de amor eterno! ¡Ved la soñada resurrección, Gloria materna, cielo paterno. Segunda infancia del corazón, Pero en la tierra llanto es el oro Con que pagamos nuestras venturas, Y la más dulce de las dulzuras Es la que debe costar más lloro. Allí vertemos aquel tesoro Que antes avaro guardaba el pecho; Allí pagamos cuanto hemos hecho A nuestras madres llorar ayer. Allí heredamos sus regocijos, Y es su venganza, su don postrer En sonreírnos en esos hijos Donde ellas tornen a florecer. En los celajes

Fuente de amores desde hoy sagrada, Cual tu partida sea tu llegada, Vienes del cielo y al cielo vas. Largo y fecundo sea tu camino, Y que colmado tu gran destino Te abrace limpia cual ora estás Aquel mar de almas, el mar divino Donde mañana te perderás. Fuente de amores