Spanish poem
¡Ventura Sin Virtud! ¡Yo La Detesto
by Rafael Pombo
¡Ventura sin virtud! ¡yo la detesto, Yo no la necesito! esta que ves Desdichada mujer, es el mismo ángel Que de rodillas adoraste ayer. ¡Aquí está mi corona! esta corona No caerá de mi sien, no la verás Rodando por el polvo, entre mi tumba Bañada con mis lágrimas caerá. El libro de la dicha está cerrado Para ti, para mí. No lo abras, no. Con una mano adúltera; respeta Nuestra bendita página de amor. De ese amor en el cándido delirio, Grande, fuerte, infalible te aclamé, Destroné a Dios, te coloqué en su trono Y te adoré, te idolatré por Él. Mas, ¡ay! que al primer viento alzado el velo El ídolo mortal bamboleó: Débil te vi: no dejes que te toque; Te amo, y no quiero despreciarte yo. Ni que tú me desprecies... Gloria, orgullo, Fuimos, yo para ti, tú para mí, Y hoy no he de ser vergüenza de tu frente Al optar entre el ángel y el reptil. ¿Ángel...? ¡No! soy mujer. Dios al crearme No escatimó la plenitud del don: Mujer me siento, de mi estirpe digna; Universo sensible y pensador. Bajo el místico cielo de mi alma, Cristal reflejador de Jehová, Las flores de la vida oscila el viento Y ardo con las entrañas del volcán. Mas los sentidos, ni natura entera Tiene con qué saciar mi eterna sed, Que mi ambición, mi palma y mi detecho, Fue la felicidad, no el vil placer. El hombre, y no su estatua; Dios, Dios niño En el santo misterio del hogar; La eternidad en paz y en esperanza, Y no el momento efímero y brutal. Que no es mi dios el cuerpo, ni del fango Soy la sacerdotisa. Como el sol, Reino en la altura, y nuestra luz no es fuego Si no quiere quemarse el corazón. ¿Qué es, frente a mis deseos infinitos, Lo que en tu despechada insensatez Me ofreces tú? Tu escarnio y mi desprecio, Y el desprecio, ¡gran Dios, de otra mujer! ¡Infortunio sagrado, excelso agente, De almas selectas místico crisol! ¿Dejas que el hombre te envilezca, en tanto Que yo me sobrepongo a tu rigor? Tú, amado mío; tú, que el precio sabes Del corazón que ayer te hizo feliz, ¿Querrás alimentarlo de hurtos viles Como el sucio mendigo del festín? Oye: cuando Eva me llamaste un día Pronunciaste mi nombre. Sin cesar La serpiente inmortal me habla, y la escucho, Y es mi espíritu eterna tempestad. Mas, si desoigo a Dios, el mismo orgullo Que a Eva perdió, será mi salvación; Que entre tú y yo, tú mismo alzaste ese otro Inocente demonio de los dos...