Versos Spanish Ricardo Gutiérrez La Hermana de Caridad

Spanish poem

La Hermana de Caridad

by (1836–1896)

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¿Quién eres tú, celeste criatura, que descansas el vuelo sobre la cárcel del linaje humano, para abrir una fuente de ternura y una puerta del cielo donde se posa tu bendita mano?

¿Quién eres tú, que oras junto al desierto lecho del que expira? ¿quien eres tú, que lloras por la desgracia ajena? ¿quién eres tú, que arrulla y quien suspira al infeliz que arrastra su cadena?

Quién eres tú, que en el estrago horrendo de la feroz matanza, el rastro de la muerte vas siguiendo por el ¡ay! que se lanza, y entre la sangre y el dolor perdida, donde se da la muerte das las vida?

Madre del desvalido, ángel del moribundo, bálsamo misterioso del herido y patria, en fin, del huérfano y el triste. ¿De qué estrella caíste para enjugar las lágrimas del mundo?

¿Qué una piedad tu pecho anida para que quepan en tu amor sagrado todas las desventuras de la vida? ¡Oh, qué caudal de abnegación encierra. que no acaba, regado sobre todas las llagas de la tierra!

No pisa sobre el mundo más que un ser, nada más, que templa y calma tanto dolor profundo con el insomne afán de su ternura... ¡Te adivina mi alma!... ¡eres mujer, sublime criatura!

Eres mujer, lo eres, y no te abisma la borrasca humana al mágico festín de los placeres y los vivos albores de la ilusión galana, no alumbran el Edén de tus amores.

Y tu rostro tan bello no es flor del mundo en el jardín viviente, y tu blondo cabello, en ondas melancólicas caído, no es tesoro de un labio enardecido ni espléndida corona de tu frente.

Y la angélica lumbre de tus ojos tan sólo a Dios y al moribundo mira, y la frescura de tus labios rojos sólo se va perdiendo y marchitando, la helada cruz besando y la pálida frente del que expira.

¡Oh! ¿qué profundo encanto en la divina abnegación se encierra? ¿Qué hondo placer se anida en el consuelo del dolor y el llanto, que el placer de la tierra a cambio de él, el corazón olvida?

¡Ángel de la caridad! ¡alma templada del mismo Dios en el amor fecundo, tórtola de Noé desamparada! eres flor bendecida, bajo la sombra de la cruz nacida, donde expiraba el Salvador del mundo.

Tu enternecido corazón sublime es el arca del pobre: allí busca consuelo el que gime, allí pide lágrima el que llora, y allí un pan y allí un cobre aquel que con el hambre se devora.

Allí, los muertos de frío, van a llamar el huérfano y la viuda, con la carne desnuda y el pie despedazado bajo la noche del invierno impío, sobre la nieve del invierno helado.

Y allí, cuando la muerte se para junto al lecho de la vida, lleva su mano inerte el que está solo en su dolor horrendo, para besar tu mano bendecida y morir sonriendo!

Así tu vida en la piedad se encierra, así la viertes sobre el lodo inmundo sin pedir una lágrima a la tierra. Así tu noble corazón sincero sin patria sobre el mundo... patria es del mundo entero.

¿Por qué levantas la mirada al cielo? Yo también sólo allí busco mi palma: voy donde el diente del dolor se encarne, seco también las lágrimas del suelo y cierro las heridas de la carne como tú las del alma!

Alumbra mi destino sobre la cárcel del linaje humano. ¡Ay! sólo pide mi ambición precaria que en el último asiento del camino ponga en mí tu mano y levantes mi vida en tu plegaria.