Spanish poem
Salve, Ciudad Ilustre, Honor De España
by Rodrigo Caro (1573–1647)
Salve, ciudad ilustre, honor de España, que entre todas al cielo te levantas como el ciprés entre menudas plantas; del Libio Osiris la mayor hazaña, ejemplar de valor y de grandeza, teatro de la ciencia y hermosura, de una y otra nación perfección pura, y de todas primer naturaleza... ¡Oh suprema Metrópolis, quedando A España el nombre y ser que ambiciosa Guarda, siempre lo estás acreditando! ¡Oh tú, siempre leal, siempre animosa. Aun en los casos donde el premio engaña; De humana ley respeto soberano, A quien no multitud de vulgo vano. Solicitado de rumor reciente, Que siempre nuevos príncipes aclama, Solicitó. Lo raro de tu fama Suspendido en tus armas noblemente Admiran el Ocaso y el Oriente: Dígalo el Orbe Américo vencido De tu invencible gente; Y el mar, con naves tuyas discurrido; O el oro y plata que en un siglo solo Te dio obediente el contrapuesto Polo, Que al passo que tu mano lo derrama Esparce tu valor parlera Fama. Mas primero tu César te apellide Último premio de su humana gloria. Pues fuiste tú su última Vitoria: O tú, igual población, desde el incierto Fundador, ya sea Pan, Híspalo sea, O Alcides, digno empleo de su idea. Hasta el último huésped, cuyo acierto Verá patria mejor quando te vea! Siempre grande te vieron las edades Independiente al cetro de los dias. De los tiempos burlar las monarquías. De los hados vencer las variedades. Hoy se erigen ciudades Que ayer desiertos fueron; Hoy fábricas divinas. Que a Olympo se atrevieron. Venerables ruinas O reliquias pequeñas Apenas de su espíritu dan señas. Tú sí te das (la antigüedad no engaña) Lisonja siempre próspera de España: O fértil (merced es del soberano Clima) no solamente de aquel grano Que coronó los méritos de Céres, De Palas, de Pomona, de Lieo, Que otros frutos más ínclitos adquieres; Los hijos digo, que a la luz añades Para vida inmortal de las edades: Héroes repito tantos, Que a Dios forman ejércitos de santos. Alce Pío primero tu bandera, Pues debes a su luz tu luz primera: Florencios dos, que triunfan en la Zona; y Eulalia, que dio a Mérida corona, A ti confiesa su primero aliento. Félix, Pedro Carpóforo y Abundio, Iuan, Adulfo, Geroncio, Wistremundo, Hermenegildos, Laureanos, Isidoros, Leandros, Diegos, Instas y Rufinas, Marías, Áureas, Verenes, Florentinas: Que Dios, Sevilla en tus preciosas venas Para el Cielo crió tantos tesoros Cuantas esconde el ancho mar arenas, Cuantas estrellas los celestes coros. Tú, urna esclarecida de Fernando Y teatro primero de sus glorias, Miraste felizmente sus Vitorias; y agora, libre del morisco bando, De tu conquistador santo y valiente Pyra eres poca, sí, pero decente. ¿Qué diré de tus hijos gloriosos En quien no cupo el mundo lisonjero, Dos Teodosios, Augustos, verdadero Crédito de las armas españolas? ¿Qué del justo Trajano, en cuyas partes Naturaleza usó todas sus artes? ¿Qué de Adriano valiente, Sabio, Augusto, dichoso juntamente? ¿Qué de Silio, esplendor de la elocuencia, Honor de Clío y gloria de Elicona? Aun los Alarbes, que engendraste opresa, Tu gimnasio heredaron, Acreditando sabia medicina Contra el Reino fatal de Libitina: Dígalo un Avicena, hijo tuyo, A quien Grecia deudora se confiesa, No sólo Arabia feliz. ¡Oh qué tarde Te restauró tu ley! Alguna empresa Te pudo ajena hallar, mas no cobarde. ¿Vio, pues, edad alguna (Desafíalas todas una a una) Más varón, más fiel, menos ajeno Que el mejor Guzmán bueno. Que el valiente Andaluz, león de España, Néstor en paz, y Aquiles en campaña? ¿Quién no me entiende? don Rodrigo Ponce. Diga Ilíberis, diga si en su Alhama Más sangre otra nación mejor derrama: Occidentales Bárbaros valientes Digan si no olvidaron Su triste vencimiento, Cuando en el vencedor acreditaron Glorioso, aunque ofendido, atrevimiento; Ya en los males se hallaron accidentes. Por quien son, aunque trágicos, decentes. Mas ¿qué ocioso me acuerdo De tus valientes hijos, si los sabios (A cuyo elogio la esperanza pierdo) Prueban en mi silencio sus agravios? Discreta suspensión, descuido cuerdo Será el que selle presumidos labios. Por no alabar entre cadencias mías Los Montanos, los Foxes y Mejías. En ti nacieron doctos, y letrados, (Bien es que de sus méritos te acuerdes) Alcázares, Pinedas, Maldonados, Valderramas, Ruices, Castroverdes, Ávilas, y gran copia que reserva A mejor ocasión sabia Minerva. Nuestro idioma en su beldad primera Te aclama madre del divino Herrera, Príncipe fácilmente De las Musas iberas elocuente, A quien siguen Pachecos y Medinas, Y cubren los galeros rutilantes ínsula sacra a Dexas, y Cervantes: Preside al gran Senado de Castilla Vázquez de Arce, a quien Themis le dio silla. ¡Salve, pues, religiosa, Como fecunda madre en santo celo; Eliotropio del Cielo, A todas superior, cuanto piadosa. Celosa induces en unión Cristiana Cuanto la Fe para la Iglesia gana Vínculo de ambos Orbes imperiosa, Reina del Mar, eternamente salve! ¡Salve, primera fábrica Española, Madre de todas, hija de ti sola!