Spanish poem
El Elefante Y Otros Animales
by Tomás de Iriarte (1750–1791)
Allá en tiempo de entonces, y en tierras muy remotas, cuando hablaban los brutos su cierta jerigonza, notó el sabio elefante que entre ellos era moda incurrir en abusos dignos de gran reforma. Afeárselos quiere, y a este fin los convoca. Hace una reverencia a todos con la trompa, y empieza a persuadirlos en una arenga docta que para aquel intento estudió de memoria. Abominando estuvo por más de un cuarto de hora mil ridículas faltas, mil costumbres viciosas: la nociva pereza, la afectada bambolla, la arrogante ignorancia, la envidia maliciosa. Gustosos en extremo, y abriendo tanta boca, sus consejos oían muchos de aquella tropa, el cordero inocente, la siempre fiel paloma el leal perdiguero, la abeja artificiosa, el caballo obediente, la hormiga afanadora, el hábil jilguerillo, la simple mariposa. Pero del auditorio otra porción no corta, ofendida, no pudo sufrir tanta parola. El tigre, el rapaz lobo, contra el censor se enojan. ¡Qué de injurias vomita la sierpe venenosa! Murmuran por lo bajo, zumbando en voces roncas, el zángano, la avispa, el tábano y la mosca. Sálense del concurso por no escuchar sus glorias, el cigarrón dañino la oruga y la langosta. La garduña se encoge, disimula la zorra, y el insolente mono hace de todos mofa. Estaba el elefante viéndolo con pachorra, y su razonamiento concluyó en esta forma: «A todos y a ninguno mis advertencias tocan: quien las siente, se culpa: el que no, que las oiga». Quien mis FÁBULAS lea, sepa también que todas hablan a mil naciones, no sólo a la española. Ni de estos tiempos hablan, porque defectos notan que hubo en el mundo siempre, como los hay ahora. Y pues no vituperan señaladas personas, quien haga aplicaciones, con su pan se lo coma.