Spanish poem
La Mona
by Tomás de Iriarte (1750–1791)
«Aunque se vista de seda la mona, mona se queda». El refrán lo dice así, yo también lo diré aquí: y con eso lo verán en fábula y en refrán. Un traje de colorines, como el de los matachines, cierta mona se vistió); aunque más bien creo yo que su amo la vestiría, porque difícil sería que tela y sastre encontrase: el refrán lo dice: pase. Viéndose ya tan galana, saltó por una ventana al tejado de un vecino, y de allí tomó el camino para volverse a Tetuán, esto no dice el refrán, pero lo dice una historia de que apenas hay memoria, por ser el autor muy raro; (y poner el hecho en claro no le habrá costado poco). Él no supo, ni tampoco he podido saber yo, si la mona se embarcó, o si rodeó tal vez por el istmo de Suez: lo que averiguado está es que por fin llegó allá. Viose la señora mía en la amable compañía de tanta mona desnuda, y cada cual la saluda como a un alto personaje, admirándose del traje y suponiendo sería mucha la sabiduría, ingenio y tino mental del petimetre animal. Opinan luego al instante, y nemine discrepante, que a la nueva compañera la dirección se confiera de cierta gran correría, con que buscar se debía en aquel país tan vasto la provisión para el gasto de toda la mona tropa. (¡Lo que es tener buena ropa!) La directora, marchando con las huestes de su mando perdió, no sólo el camino, sino, lo que es más, el tino. Y sus necias compañeras atravesaron laderas, bosques, valles, cerros, llanos, desiertos, ríos, pantanos; y al cabo de la jornada ninguna dio palotada. Y eso que en toda su vida hicieron otra salida en que fuese el capitán más tieso ni más galán. Por poco no queda mona a vida con la intentona; y vieron por experiencia que la ropa no da ciencia. Pero sin ir a Tetuán, también acá se hallarán monos que, aunque se vistan de estudiantes, se han de quedar lo mismo que eran antes.
Hay trajes propios de algunas profesiones literarias, con los cuales aparentan muchos el talento que no tienen.