Spanish poem
A mi patria
De adverso signo mi existencia es hija: o de naturaleza, o de fortuna, ¿qué fiero mal habrá que no me aflija? Yo a mi padre perdí desde la cuna. Mi esquiva fiera condición, que en vano quise vencer con imposible hazaña, me destierra del dulce trato humano, y del amor y la amistad me extraña. En nada logran encontrar remedio y más y más se aumentan cada día este mi universal profundo tedio y entrañable genial melancolía. Jamás siquiera de placer asomos a mi triste vivir dieron los cielos; yo y la Tristeza inseparables somos, y de la misma madre hijos gemelos. Misteriosa dolencia antigua y lenta, que combatió la ciencia vanamente, sin cesar me consume y atormenta, y ni me mata ni vivir consiente. Ausente me ha tenido el crüel hado la mitad casi de mi triste vida del patrio suelo y del materno lado, que ni un instante mi cariño olvida. La negra Envidia con traición me acecha; y bañadas del Orco en el veneno, la Calumnia feroz flecha tras flecha lanzando está contra mi inerme seno. Y aunque me veis en juveniles años, anticipada la experiencia amarga, padecí más crüeles desengaños que contar puede la vejez más larga. Y aún me falta tal vez el solo escudo que me abroquela el combatido pecho, pues humillado de mi ingenio dudo, y del orgullo la ilusión sospecho. Y otra desgracia el corazón me abruma, mas que todas fatal, extraña y grave, que no puede al papel confiar la pluma ni al viento el labio, y que ninguno sabe. Y mi ardiente aprensiva fantasía, cual si de males muchedumbre tanta no bastase, los dobla todavía, y los prolonga todos y adelanta. Mas tantas penas que me afligen, nada son comparadas al dolor de verte tan infeliz, oh patria, y humillada, y al punto no poder cambiar tu suerte. Sí, son los tuyos mis mayores males; y si fuerte y dichosa y grande fueras, los que a mí solo tocan, aunque tales, sonrïendo mirara cual quimeras. Por ti a quien para ti sin fruto adoro, mi sangre toda en hiel trueca la ira, y me deshace la piedad en lloro, y hasta turbada mi razón delira. Tú el pensamiento eterno de mis días, y tú el desvelo de mis noches eres, tú el más dulce placer me amargarías, si posibles me fueran los placeres. Y héroe quisiera ser por ti romano, y dejando el laúd que en vano agrada, en tu defensa armar la fuerte mano con la triunfante salvadora espada. Y en mi extremo amoroso desatino de un dios a veces el poder anhelo para cambiar la faz de tu destino y hacerte reina del inmenso suelo. ¡Ah! ¡con mi sangre toda merecerte pudiera al menos la piedad divina, y como Curcio a Roma, con mi muerte salvarte, oh patria, de inminente ruina!
(1858)