Spanish poem
Al pie del monumento de Bolívar
Era la hora solemne del ocaso: y yo que el vagabundo paso lento iba moviendo pensativo, acaso, por donde un día alzábase el sangriento Sagrado Tribunal, detuve el paso al pie del majestuoso monumento que alzó mi patria al héroe sin segundo a quien debe ser libre nuestro mundo. Y cuando los atentos ojos hube padecido en él, clamé: «Si a la morada que cubre a nuestra mente oscura nube, y a premiar a los buenos destinada, algún rumor, oh gran Bolívar, sube de nuestra triste tierra desdichada, ¿Será que a saña y a piedad no mueva tu santo pecho la espantosa nueva? »¡No, no, jamás! y, si a tu ardiente anhelo lo consintiera Dios, la dulce calma ya dejando y los júbilos del cielo, al cuerpo que animó volviera tu alma: y, habitando de nuevo nuestro suelo, lograrás otra vez la triunfal palma, y a las hispanas huestes altaneras ¡rompieras, dispersaras, deshicieras! »Deja un instante el cielo soberano; un instante no más torna a ser hombre; la espada vibre tu robusta mano, y tu presencia al enemigo asombre: mas no te aguardará su miedo insano; a dispersarlos bastará tu nombre, cual a palomas tímidas ahuyenta el lejano rumor de la tormenta. »Acude, vuela, que la gente misma Que tú de aquí arrojaste quiere ahora, esperanzada en nuestro interno cisma, y ufana porque fácil vencedora fue en Tetuán de la bárbara Morisma, de nuevo ser nuestra feroz señora, y apagar en nosotros la sed de oro que hartar no pudo en el vencido Moro. »Vivo, Bolívar, tú, esa raza aleve, esa degenerada gente ibera, de las naciones europeas plebe, que hoy osa pisotear nuestra bandera, que hoy nuestras islas a invadir se atreve, ni tan sólo el intento concibiera, y apenas, separada por los mares, segura se creyera en sus hogares. »Mas, aunque muerto, bastarán tus manes a darnos sobre Espata la victoria: pagará la insolente sus desmanes; nuevo laurel nos ceñirá la Gloria. De Iberia los altivos capitanes aún conservan presente tu memoria, que valdrá por ejército infinito contra el hispano ejército maldito. »Tu recuerdo para ellos será espanto: será para nosotros ardimiento, santo coraje y entusiasmo santo, gigantes fuerzas e invencible aliento; y tu nombre será bélico canto con que tronando nuestro libre acento canse los ecos y los aires rompa, al ronco son de la guerrera trompa. »Todos presto venid; venid, peruanos, y al pie de este sublime monumento alzad las libres generosas manos, y haced el sacrosanto juramento de que primero que sufráis tiranos, caeréis en el campo ciento a ciento, y que sólo entrará gente española a vuestra tierra, despoblada y sola. »Con su heroica constancia no domada, y su ingenio, y su esfuerzo sin segundo, sacar la patria nuestra de la nada, pudo Bolívar, como Dios al mundo; cuando la Tiranía entronizada aquí velaba con rencor profundo, cuando todo a su empresa estorbos era, y aún pudo al orbe parecer quimera. »¿Y nosotros, menguados, ni siquiera podremos mantenerla independiente, y, a las miradas de la tierra entera, hoy defenderla de la misma gente? ¿Tanto ya nuestro brio degenera? ¿Y podrá la mitad de un continente sufrir la mengua de arrastrar esclava las cadenas que ayer despedazaba? »No: la obra de tu mente y de tu espada, obra la mas sublime y gigantea que vio esta edad, de admiración pasmada, jamás receles que perdida sea: que, aunque América estaba desarmada, nunca lo faltan medios de pelea a quien valor y patriotismo sobra: héroe, no temas: es eterna tu obra. »Sí, será eterna mientras troncos haya en la honda selva y flores en el llano; mientras al mar el Amazonas vaya desde el remoto origen peruviano mientras do quier de América la playa ciña cual isla inmensa, el océano; mientras su frente el Chimborazo eleve coronada de fuegos y de nieve. »Vacía su región y despoblada deje España, de Gades a Pirene; y en portentosa formidable armada, en cuya cuenta la paciencia pene, a las peruanas costas trasladada, de feroces ejércitos las llene, e intente y pruebe por la vez segunda imponernos su bárbara coyunda: »no habrá peruano que los riesgos huya de la tremenda desigual palestra, aunque en mares de gente España afluya, de su poder en asombrosa muestra; a ver vendrá que, si la fuerza es suya, nuestro el valor y la constancia es nuestra; y buscar nos verá con pecho fuerte romano triunfo o espartana muerte. »Y, si nos es contraria la fortuna, no ha de regocijarse su arrogancia, viendo que no hay aquí ciudad ninguna que nombre do merezca de Numancia: Tendremos mil, si ellos tuvieron una, que de valor ejemplos y constancia, cuando el hado les fuere más adverso, ofrezcan al atónito universo... ... »Mas ¿adónde me arrastra mi deseo y el coraje y la sed de la venganza? ¿Adónde el patrio amor? ¿No es devaneo tan orgullosa intrépida confianza? ¿Es origen acaso lo que veo de remontar tan alto la esperanza? ¿Y, a dicha, lo presento me asegura de la peruana heroicidad futura? »¡Día tras día, la rosada aurora allí donde flameó nuestra bandera la odiada enseña de Isabel colora, que a los vientos despliégase altanera! ¡Ay! cada nuevo día, cada hora que huyendo van con ala tan ligera, debieran, oh peruanos, parecernos siglos de afrenta y de baldón eternos. Oh Sol, que ardientes religiosas preces de los virtuosos Incas recibiste, ¿por qué, di, no te eclipsas y oscureces, y negra nube tu fulgor no viste en muestra de dolor? Ya treinta veces el negro oprobio de tu pueblo triste, al nacer y al hundirte en occidente, ha contemplado tu ojo refulgente. »¡Al combate! ¡al combate! que es mancilla que ya tanto el ataque se disponga: hundamos esa bárbara escuadrilla, Triunfo, Resolución y Covadonga: y, pues ya su altivez cede y se humilla, antes que en fuga vil Pinzón se ponga, presto salgamos; que, en tal trance puesto, irse podrá, si no salimos presto. »¡Lance ya el bronce el imitado trueno y la ignea bala, de matar sedienta; y en aire a trueno y rayo tan ajeno rayos y truenos el cañón hoy mienta, y en un mar tan pacífico y sereno forme el combate artificial tormenta; y cambie en negra noche el claro día el humo de tronante artillería! »¡Sí, vamos, vamos antes que cobarde veloz huya ese ibérico pirata: temamos que quizá no nos aguarde: ya por ventura de alejarse trata: tal vez, cuando ir queramos, será tarde: mengua ha de ser cuya memoria ingrata sin cesar nos afrente e importune que ese aleve ladrón se vaya impune! »Impune, si vivieras, no se iría, oh padre del Perú, que justa pena ya hubiera recibido el primer día, insepulto cadáver en la arena: o si aún con vida en tu poder caía, con esposas y grillos cadena, como ladrón entre ladrones preso, pagado hubiera su inaudito exceso. »¡Ni ese andaluz soberbio e insolente entonces fuera, como irá mañana, a jactarse, ¡oh vergüenza! entre su gente que puso miedo a la nación peruana! ¡Ni con él su caterva (¡ah! quién consiente tal afrenta y rubor!) con lengua vana, propia de la parlera Andalucía, su hazaña vil a pregonar iría!» Así digo, y de nuevo triste callo: y, a mis voces cobrando sentimiento, parecían el héroe y el caballo la vida simular y el movimiento; y, oyendo que a su pueblo hacer vasallo pretende España con avaro intento, brotar el héroe rayos de ira ciega y anhelar parecía la refriega.
14 de Mayo de 1864.