Versos Spanish Clemente Althaus Inconvenientes de ser corto de vista

Spanish poem

Inconvenientes de ser corto de vista

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Reniego del largo estudio y las lecturas prolijas a la luz de la nocturna vigilante lamparilla, que acortaron tan temprano el alcance de mi vista y que a llevar antiparras parece que ya me obligan: mas yo, por punto, no quiero ni lente usar todavía, al revés de tantos otros que, aunque más que un lince miran, llevan el lente tan sólo por adorno y monería, y el buen tono y la elegancia hasta en los defectos cifran: defecto y de los mayores que a la humanidad fastidian. Pues qué, si voy por la calle de un amigo en compañía, que: «Mira, chico, me dice, »en la otra acera esa chica: »¡Qué guapa! ¡qué ojos, Dios santo! »¡Qué boca! ¡qué dulce risa! »No vi cara más hermosa »en los días de mi vida». Yo, al oír tales palabras, muero de rabia y envidia, maldiciendo mis estudios y tanta docta vigilia; y en vano alargo el pescuezo y aguzo más las pupilas, abriendo tamaños ojos que casi se me vacían, pues no miro sino un bulto y unas formas indecisas, y no veo tales ojos ni esa cara tan bonita. Mas dirán que me resarce de no ver las caras lindas el que no mire las feas que las miradas contristan; pero sepan que mi suerte es tan fiera y tan impía, que ni este sólo descuento dar quiso a mi pobre vista; porque siempre a las más feas por la acera en que voy guía y a mi encuentro eternamente burlona las precipita; como también a las viejas de fábrica más antigua, de esas que a Amat alcanzaron en su juventud florida. Aunque lo peor no es esto, mas que me expongo a que digan que a nadie vuelvo un saludo y estoy con todos de riña; y yo que la igualdad santa tuve siempre por divisa y soy tan llano y humilde demócrata y socialista, ya por fin protestar quiero contra fama tan inicua, saludando desde ahora con la mayor cortesía a cuanta gente por esta y aquella acera transita, o conocida por mí o por mí no conocida; pues prefiero que de mí como de un loco se rían a que orgulloso y grosero me llamen todos con ira. Pero la mayor de todas entre las muchas desdichas que el ser de vista tan corto me ocasiona y origina, es (de mi suerte reniego) que casi no pasa día en que mi flaca persona el duro suelo no mida; y no sé por qué milagro, con tan frecuentes caídas y con porrazos tan fieros ya no me he roto la crisma: no hay piedra en que no tropiece, cual puesta allí con malicia, ni charco en que el pie no meta, aun del agua menos limpia; y por mi pie negligente no hay evitada inmundicia de cuantas en nuestras calles olvidó la policía; si paso de acera a acera, es tal la desgracia mía, que no hay carreta ni coche que no se me venga encima; no hay cola en que no me enreden mi distracción y mi prisa, ni pisotón que me yerre ni encontrón que no reciba. Y de tan horribles males aquí interrumpo la lista antes que al lector empiece a ocasionarle fatiga, y porque, contar queriendo su muchedumbre infinita, antes que el cuento acabara se me acabara la vida.

(1866)