Versos Spanish Amelia Denis de Icaza A Panamá

Spanish poem

A Panamá

by (1836–1911)

Listen in the reader

¿Hasta cuando mi patria idolatrada por la discordia te veras manchada llenándote tú misma de baldón, de tus hijos la sangre derramando por un poder efímero luchando? dice: ¿acaso te falta corazón?

¿Te falta inteligencia? no, mentira que en tu alma brilla la celeste pira que da a sus escogidos el señor ¿hasta cuando tu zaña que intimida, hasta cuando esa lucha fratricida que conduce a la ruina y al dolor?

¿Por qué no ves el desaliento impreso en la faz bendecida del progreso que tus luchas condenan a morir? Levanta ya tu noble altiva frente, pedazo de la América valiente prepara tu grandioso porvenir.

Levanta ya tu noble, blanca enseña y a la esperanza que tranquila sueña despiértela tu alegre sonreír, patria de grandes hombres, patria mía luzca ya de la unión el claro día manda tus puertas al progreso abrir.

Prepara tus laureles y tus flores El canto de tus dulces trovadores Para el que cumpla tu feliz misión, Para el que logre levantar el vuelo y remontar tus alas hasta el cielo y allá batir altivo tu pendón.

Álzate Panamá, mira tu suelo, mira tus campos que bendice el cielo y tus montañas que tu adorno son; une tus hijos con el eterno lazo en un estrecho, fraternal abrazo, sea tu divisa, libertad y unión.

Olvida el triste lóbrego pasado y mira el presente desolado, lucha y espera el porvenir con fé; a las armas del ocio cabizbajo sustituyan tus hijos el trabajo, no más oculta tu riqueza esté.

¿Por qué vivir en inacción Dios mío mirando en el hogar silencio y frío cuando el oro se encuentra por doquier? surcar la tierra con segura mano he aquí el enigma, el misterioso arcano que afianza de los pueblos el poder.

Luzca por fin el venturoso día; que el labrador radiante de alegría regrese a las delicias del hogar, encontrando su alegre compañera que a su consorte satisfecha espera que llegue del trabajo a descansar.

Que leyendo el pedazo de una historia que de niño ha ilustrado su memoria encuentre el artesano su placer, y al descansar de su fatiga, vea que el trabajo se hermana con la idea y hace del hombre venturoso ser.

Entonces de placer estremecida ¡mi patria floreciente y escogida! yo escucharé los ecos de tu voz: no más luchas ni lágrimas de duelo, echa al pasado, del olvido un velo que tus esfuerzos los secunda Dios.