Spanish poem
Carta a mi querida hermana Matilde Denis
by Amelia Denis de Icaza (1836–1911)
Voy a contarte, hermana idolatrada, una historia muy corta y encontrada a mi paso en la América Central; aquí donde la tierra se estremece donde este mar enfurecido crece al empuje del fuerte vendaval.
Si vieras, hermanita, levantarse para luego encrespadas estrellarse las olas con estruendo aterrador; algo de grande, de imponente y fiero se encierra en este mar tan altanero siempre lanzando fúnebre clamor.
Yo acostumbrada a nuestro mar tranquilo que se mueve con místico sigilo que se tiende la playa a acariciar: no sé que fue lo que sentí al mirarlo, muda de admiración al contemplarlo mi sorpresa no puédote explicar.
Desembarqué, la costa me aguardaba no era tan bella como yo soñaba ni era tan fértil como yo esperé, lancé un suspiro por mi patria, hermana, por aquella graciosa colombiana como una virgen del Ancón al pié.
Dos meses de quietud, de honda tristeza en que apenas alzaba la cabeza, pasé en amarga y cruda decepción: volví a surcar el mar embravecido la sombra que busqué para mi nido helaba mi ardoroso corazón.
Pisé de nuevo temerosa y yerta del vapor la magnífica cubierta y me detuve al colocar el pié, ¡que grato era allí el aire que sentía el sol en ese instante se escondía y trémula al mirarlo me postré.
Dos días después, hermana, me encontraba donde la brisa alegre murmuraba donde el pájaro canta con primor: era en un puerto donde el alma vive donde de Dios la inspiración recibe que conduce a mi Edén, "El Salvador".
Bien puede el tiempo destrozarme airado los ensueños felices que he forjado en el suelo bellísimo que hallé; mas no podré arrancar de mi memoria la página brillante de mi historia en que ese nombre de Jesús gravé.
Ahora distante por la tarde miro cruzar las nubes en confuso giro y una lágrima siento resbalar !si pudiera llevarme lo que adoro! ¡si pudiera llevarme mi tesoro! no sintiera esa lágrima rodar.
Porque aquí vivo para siempre triste como vive el canario sin alpiste como vive sin flores el gorrión; mientras que allá bajo ese hermoso cielo yo como el ave levantara el vuelo hasta otra nueva espléndida región.
Pero quisiera que en mi vuelo altivo me siguieran los seres por quien vivo y con ellos mi dicha compartir; porque sin ellos todo está desierto todo está mudo, silencioso, muerto, y mil veces mejor quiero sufrir.
Esta es la historia de tu hermana ausente a la que quieres tan intensamente y la que siempre te idolatra a ti, si Dios escucha mi plegaria pía entre mis brazos, hermanita mía, oirás lo mismo que te cuento aquí.