Spanish poem
En El Álbum De La Señora Enriqueta Pinto De Bulnes
by Andrés Bello
A plantar mis versos van en este bello jardín una flor; no es tulipán, no es diamela, es un jazmín: el jazmín del Tucumán; el que su tapiz ameno tendió a Enriqueta en su cuna, y vino de aromas lleno, imagen de su fortuna, al suelo feliz chileno. Me encanta, flor peregrina, esa tu actitud modesta; el que te ve se imagina ver una joven honesta, que el rostro a la tierra inclina. Bella flor, y ¿a qué pincel debiste tu nieve hermosa? A tu lado, en el vergel, vulgar parece la rosa, y presumido el clavel. Esa nítida blancura con que la vista recreas, sin duda te dio natura para que símbolo seas de una alma inocente y pura; De una alma en cuyo recinto no ardió peligrosa llama, y que, por nativo instinto, sólo nobles hechos ama, cual la de Enriqueta Pinto... Mas, Enriqueta, tú quieres la verdad en un ropaje más natural, y prefieres sus acentos al lenguaje de que gustan las mujeres. Te enfadan alegorías; desprecias vanas ficciones; niña aún, te divertías en instructivas lecciones, no en frívolas poesías. Dejemos los oropeles a labios engañadores de almibarados donceles; otras niñas buscan flores; a ti te agradan laureles. Oye, pues, querida mía, la voz ingenua y sincera, que en fe de su amor te envía una alma que considera suya propia tu alegría. ¡Con qué júbilo afectuoso contemplo esa unión felice, nudo santo y amoroso, que tantos bienes predice a la esposa y al esposo! ¡Quiera fecundarla el cielo con renuevos que den gloria y grandeza al patrio suelo, y le acuerden la memoria o del padre o del abuelo! Y cual corre fuente pura entre lirios y azahares, así corra la ventura siempre exenta de pesares de tu existencia futura. O si la dicha terrena tasa el Autor soberano de la vida; si El ordena que des al destino humano tu contribución de pena, Hija, esposa y madre, amor en ti consuelos derrame, y te vuelva la interior serenidad, y embalsame las heridas del dolor. Y perdona, niña, a un viejo, que, como triste graznido de búho, en nupcial festejo, te hace oír el desabrido duro acento del consejo. Vanidad y afectación jamás tu candor empañen; y en toda voz, toda acción, como suelen, te acompañen cordura y moderación; Que en la fortuna más alta es el mérito modesto oro que a la seda esmalta; y en un envidiado puesto con más esplendor resalta.