Versos Spanish Duque de Rivas Raya En El Remoto Oriente

Spanish poem

Raya En El Remoto Oriente

by (1791–1865)

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Raya en el remoto Oriente Una luz parda y siniestra; A mostrarse en vagas formas Ya los objetos empiezan. Espectáculo espantoso Ofrece Naturaleza, Las olas como montañas, Movibles y verdinegras, Se combaten, crecen, corren Para tragarse la tierra, Ya los abismos descubren, Ya en las nubes se revientan, Rómpense en las altas rocas Alzando salobre niebla, Y la playa arriba suben, Y luego a su centro ruedan Con un asordante estruendo: Silba el huracán, espesa Lluvia el horizonte borra, Y lo confunde y lo mezcla. * * * La infelice Rosalía, Toda empapada, cubierta Con el pañolón mojado Que, o bien la cine y aprieta, O, agitado por el viento, Le azota el rostro y flamea, Volando ya desparcidas Fuera de él las negras trenzas; Falta de aliento, de vida, El alma rota y deshecha, Asida de los sillares Se aguanta inmóvil y yerta. Aparición de otro mundo, Sílfida, a quien maga artera Cortó las ligeras alas, La juzgaran si la vieran. Tiende, espantados, los ojos Por el caos: nada encuentra Que socorro o que consuelo En tal apuro le ofrezca. Descubre que una gran ola, Que tronadora se acerca, Entre las blancas espumas Envuelve una cosa negra: De ella no aparta los ojos, la playa se estrella, huir deja un sombrero Cuando sobre la arena, Y una tabla. —Rosalía Salta de las ruinas fuera, Corre allá, mientras las olas Se retiran. No la aterra Otra mayor, que se avanza Más hinchada, más soberbia. Ve en el madero lavado Los restos de sangre fresca Coge el sombrero... ¡infelice! Lo reconoce... Las fuerzas Le faltan, cae, y al momento Precipitase sobre ella Una salobre montaña, Que la playa arriba entra, Y rápida retrocede, No dejando nada en ella. * * * Cual si dar, tan sólo objeto De la borrasca tremenda, Lecho nupcial en los mares A dos infelices fuera, A templar su furia ronca Los huracanes empiezan; Bajan las olas, la lluvia Se disminuye, y aun cesa. Rómpese el cielo de plomo, Y por pedazos se muestra El azul, que ardientes rayos De claro sol atraviesan. Ya se aclara el horizonte; Por el lado de la tierra Fórmanlo azules colinas, Que aun en parte ocultan nieblas. Una línea verde, obscura, Movible, lo forma y cierra Del lado del mar, y asoma La claridad detrás de ella. Aunque silba duro el viento, Aunque es la reseca recia, Torna al mundo la esperanza De prolongar su existencia. * * * En esto una triste madre Y un tierno hermanillo llegan, Buscando a su Rosalía, A aquella playa funesta. Llenos de lodo, empapados, Muertos de cansancio y pena, Tienden enreedor los ojos, Y nada ¡oh martirio! encuentran. Al retroceder las aguas, Unas femeniles huellas De pie breve reconocen Estampadas en la arena «¡Rosalía! ¡Rosalía!...» Gritan, y no oyen respuesta. Van a la arruinada torre, Y hállanse sobre una piedra Un envoltorio deshecho Entre fango, espuma y tierra, Y un pañuelo rojo y jalde Que le sirve de cubierta.