Versos Spanish Duque de Rivas Siguió El Festejo A La Tarde

Spanish poem

Siguió El Festejo A La Tarde

by (1791–1865)

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Siguió el festejo a la tarde, Y llenóse la gran plaza Con el pueblo y con la corte, Cual lo estuvo la mañana. Magníficas son las fiestas Que la regia villa paga, Para celebrar el nombre Del poderoso Monarca De clarines y timbales Al son que asorda las auras, Y al de orquestas numerosas, Que entonan guerrera marcha, En orden y a lento paso Numerosas mascaradas Entran por partes distintas, Y al Rey y a la Reina acatan. De los reinos diferentes Que el reino forman de España, Ostenta cada cuadrilla Distintivos y antiguallas, Arbolando un estandarte Con el blasón de sus armas, Y de su música propia, Al compás de las sonatas, Mézclanse ligeras luego, Formando mímica danza., En concertado desorden De figuras ensayadas. Los cascos y coseletes De la indómita Cantabria; De los fieles castellanos Las dobles cueras y calzas; Las fulgentes armaduras, De los infanzones gala, Del ligero valenciano Los zaragüelles y mantas; De chistosos andaluces Los sombrerones y capas, Y las chupas con hombreras Y con caireles de plata; Los turbantes granadinos, Jubas, albornoces, fajas; Los terciopelos y sedas De vestes napolitanas; De la Bélgica los sayos Con sus encajes y randas; Los milaneses justillos Con las chambergas casacas, Y las esplendentes plumas Teñidas de tintas varias, Con los arcos y las flechas Que el cacique indiano gasta, Forman un todo indeciso Que cubre la extensa plaza De movibles resplandores, De confusión bigarrada. Parece que está cubierta Con una alfombra persiana, Cuyos matices se mueven Al conjuro de una maga. Aquí añafiles moriscos, Allí tamboril y gaita, Más allá trompas guerreras, Acá sonorosas flautas; Las antárticas bocinas En un lado, las guitarras Y crótalos en el estoy, Los caracoles de caza Forman estruendo confuso En que ya el acorde falta, Y que llenando el espacio Aun más aturde que halaga. Por fin, terminado el baile, Sepáranse las comparsas Y hacia lados diferentes, En orden puestas, descansan. Y cada una se dirige, Según la suerte la llama, A saludar a los Reyes Con solemnidad y pausa; Y doblando la rodilla, Ofrecen a su Monarca Un rico don de productos De aquel reino que retratan. Despejando luego todas, El circo desembarazan A los nobles caballeros Que salen a correr cañas, Por la izquierda y la derecha A un tiempo entraron galanas Dos diferentes cuadrillas, Que a unirse en el centro marchan. Compónese cada una, Compitiendo en garbo y gala, De doce nobles jinetes, Que de dos en dos avanzan. El Conde de Orgaz, mancebo De gentileza y de gracia, Es caudillo de la una; De la otra es Villamediana. Aquél, en caballo negro, Enjaezado de plata, De terciopelo amarillo Con celestes cuchilladas, Vestido sale: figura Con argentinas escamas Peto y espaldar, y azules Lleva plumas y gualdrapa. Este, en un caballo blanco, Cuya crin el oro enlaza, Ostenta un rico vestido De terciopelo escarlata: El arnés de hojuelas de oro, Y de rica seda blanca, Con brillantes bordaduras, Los afollados y faja. Unidas las dos cuadrillas, Hacia el regio balcón ambas, Al paso, la pista siguen De los jefes que las mandan; y e, concurso, en gran silencio, Curioso a la vista, clava De los dos gallardos Condes En las brillantes adargas; Pues logrando de discretos Y de, enamorados fama, Interesa a todo el mundo Ver las empresas que sacan. Es la de Orgaz una hoguera De la que el vuelo levanta El fénix con este mote: Me (la vida quien me abrasa. Un letrero solamente Es la de Villamediana, Que dice: Son mis amores... Y luego reales de plata Puestos cual si fueran letras, Con que aquel renglón acaba. La empresa de Orgaz la entienden Todos, y aciertan la llama Que le da vida y le quema. La (¡el de Villamediana Despierta más confusiones, Aunque es en verdad bien clara. Propensión funesta tiene El joven galán que alcanza Favores de una señora, A la par hermosa y alta, De publicarlos al punto Y de sacarlos a plaza: Vanidad de enamorados Que en peligros no repara. Muchos el sentido entienden Que las monedas declaran, Por miedo disimulan Y de explicarlo se guardan. Otros, necios, se calientan Los cascos por descifrarla. Son mis amores dinero, Repiten; pero no cuadra Con el carácter del Conde Esta explicación villana. Mis amores efectivos Son, dicen otros, ¡bobada! Velasquillo el contrahecho, Enano y bufón, que alcanza, No sin despertar envidia, Gran favor con el Monarca, A disgusto de los grandes En el balcón regio estaba, Malicias diciendo y chistes Con insolencia y con gracia. Y o por faltarle su astucia Entonces, o porque trata De vengarse del desprecio Con que la Reina le acaba, O porque ve de mal ojo Al noble Villamediana, O por gusto de hacer daño, Que es de tales bichos ansia, Dijo: «Ta, ta; ya comprendo Lo que dice aquella adarga: Son mis amores reales», soltó la carcajada. Trémulo el Rey y amarillo, Y conteniendo la saña, «Pues yo se los haré cuartos», Respondió al punto en voz baja. Lo oyó la Reina, y quedóse Inmóvil como una estatua, Pálida como la muerte, Hecha pedazos el alma. * * * Las cuadrillas empuñando, En vez de robustas lanzas, De cintas y oro vestidas Leves quebradizas cañas, Se embistieron... imposible Es ya que encuentre palabras Con que describir la fiesta: Mi atención la Reina embarga. Pobre señora! Tampoco Merece versos y fama Tal diversión, ya reflejo Débil, copia degradada De las justas, que ha dos siglos Los caballeros usaban Con gloria, que nunca gloria En donde hay peligro falta, Y en que las picas de guerra Dobles petos abollaban, No los juncos inocentes, Sedas, brocados y holandas.