Versos Spanish Antonio de Zayas A Don Vasco de Quiroga

Spanish poem

A Don Vasco de Quiroga

by (1871–1945)

Listen in the reader

Este Pastor, de sus ovejas gozo, al mundo vino en la almenada villa donde lanzara su primer sollozo la Católica Reina de Castilla. Y revistiendo, al apuntarle el bozo, negra garnacha y cándida golilla, equilibró con ejemplar templanza, de Némesis adusta la balanza.

II

A las lides marciales las provectas disciplinas prefiere de la Curia, y templa su razón contra las sectas que abortan el orgullo y la lujuria; e intérprete sagaz de las Pandectas, apaga con sus máximas la furia de la ciega pasión, y alza al Derecho un altar en el fondo de su pecho.

III

Jamás, huyendo de la docta escuela, en sórdido burdel mancha la loba, ni en despojar de blanca la escarcela invierte el tiempo que a los folios roba. Y si pasa tal vez la noche en vela al pie de algún balcón y amores trova, efluvios son no más de su alma pura con que riega la flor de la hermosura.

IV

Por raza hidalgo, apóstol por instinto, de probidad y de tesón portento, la espada de Sahagún puesta en el cinto y en la gloria de Dios el pensamiento, solicítale el César Carlos Quinto, y le buscan filósofos de Trento; mas él renuncia marcesibles palmas y va a ganar para los Cielos almas.

V

Dorar no quiere su blasón Don Vasco, ni al dirigir al Véspero la proa, ajusta malla, ni se ciñe el casco, como en el golfo de Darien, Balboa. Y, al descender hasta el feroz tarasco, más las verdades que propugna loa, que, al restallar de estoques y broqueles, varones ambiciosos de laureles.

VI

De Hernán Cortés y de Guzmán dirime con inflexible aplomo la querella, y sólo de la Ley el gladio esgrime cuando los labios contendientes sella. Y, al hablar docto y al callar sublime, deja doquier de su virtud la huella, sensible del herido a los clamores, severo con los rudos agresores.

VII

La santa caridad que le devora le hace ver en los pobres sus iguales, cuando erige la insignia redentora de la cruz en hospicios y hospitales; por consolar al párvulo que llora, del indigente por curar los males, levantando en el páramo cencido columnas vencedoras del olvido.

VIII

Fieras hordas en cívicos estoles trueca su dulce abnegación cristiana, e instaura iglesias do se yerguen moles enrojecidas por la sangre humana. Y escuchan sus oídos españoles a indios rezar en lengua castellana, del Huerto la Oración que al cielo guía, y el saludo del Ángel a María.

IX

Del indígena el ánimo tardío apresura del aula en el ambiente, y los terribles ímpetus del río evade con los arcos de la puente. Do creció la cicuta del hastío, de la esperanza arroja la simiente, y predica a su grey, más que en el templo, con la muda eficacia del ejemplo.

X

Agricultor, el plátano fragante planta a la vera de la espiga rubia, y acostumbra los frutos de Levante a menos débil y frecuente lluvia. Artífice, del horno crepitante, isócrono telar y sorda gubia descubre el uso a manos inexpertas, ayer, del sol a los halagos, muertas.

XI

Y es del tronco español lozano brote que en fuerza vence al invencible Cabo del Tercio, confusión del hugonote y dique a las codicias de Gustavo, que es de la Armada de Selim azote, y hace del solio de Isabel esclavo al pirata del piélago argelino y al petulante alumno de Calvino.

XII

Y es soldado en la hueste reclutada por los solares de la Patria mía, que, al empuñar el báculo o la espada, con la prudencia hermana la energía. Y de la cumbre del volcán nevada, al llano azul de tropical bahía, de Jesús las palabras confortantes va enseñando en la lengua de Cervantes.

XIII

Sublime verbo que nació en los fundos del generoso corazón de España para extenderse por ignotos mundos salvando el mar y el llano y la montaña, y ennoblecer con gérmenes fecundos, a lomos del Pegaso de la Hazaña, el tálamo nupcial de cien naciones que eternamente emitirán sus sones.