Spanish poem
A las Reverendas Madres Teresianas del Colegio de Mixcoac
by Antonio de Zayas (1871–1945)
La mística Teresa contempla desde el cielo en donde mora, vuestra ejemplar empresa y de Jesús implora que os alargue Su mano redentora.
Ella, de Cristo amante y de sublime caridad dechado, con plácido semblante el abacial cayado empuña para gloria del Amado.
E intrépida recorre sin descanso ciudades y alquerías y no en ebúrnea torre sus nobles energías guarda agotando sin luchar sus días.
Le vierte en el oído dulces palabras una voz del cielo que embárganle el sentido y estimula su celo a arrancar la cizaña del Carmelo.
Y, siempre la sonrisa dibujada en sus labios juveniles, con generosa prisa del alma en los pensiles ahuyenta del pecado los reptiles.
Vosotras, a su ejemplo, conducís a las niñas inocentes del aula al santo templo, y sembráis en sus mentes de la virtud las opimas simientes.
De Teresa el Amado derrame en vuestra grey sus bendiciones, y nunca desatado torrente de pasiones turbe la paz de tiernos corazones.
En esta Nueva España combatid animosas sin reposo contra la ciega saña del aquilón furioso que amaga la cosecha del Esposo.
Del Esposo divino que os dispone en las órbitas del cielo, tras de áspero camino, el eficaz consuelo que merece el ardor de vuestro celo.
Y próvido prepara a la legión de cándidas doncellas, a vuestros pechos cara, vestes de luz más bellas que el límpido fulgor de las estrellas.
Seguid en buena hora, dilectas del Señor, vuestra porfía, y la inmortal Doctora que escogisteis por guía, os prestará su fértil alegría.
Alegría que gime en estrofas pulquérrimas, trazadas con péñola sublime, y dicta las aladas explosiones de amor de «las moradas».
Efluvios de alma santa que el dolor de Jesús compartir quiere y agradecida canta al dardo que la hiere ¡y que muere de amor porque no muere!